viernes, 11 de julio de 2014

Aprendices de campañas sucias

En las primarias republicanas del año 2000, la campaña de George W. Bush hizo correr el bulo por Carolina del Sur de que su rival John McCain tenía una hija ilegítima negra. En las demócratas de 2008, Hillary difundió una foto de Obama con turbante y uno de sus subalternos sacó a relucir sus coqueteos con las drogas. Lo peor de todo este absurdo asunto de la presencia de Pedro Sánchez en la asamblea de Cajamadrid no es el navajazo traicionero, sino que no hayan encontrado nada mejor que esta idiotez. Probablemente confirma mis sospechas de que Pedro Sánchez es tan aburrido como suena.

Hace varios años un viejo sindicalista madrileño tuvo a bien educarme en el entramado infernal que era el gobierno de Cajamadrid. Pese a sus esfuerzos y gran conocimiento del tema no me enteré de mucho, pero hay algo que me quedó bien claro: después de elegido el consejo de administración, la Asamblea General pintaba bien poco. Marcar a Pedro Sánchez como 'blesista' es un absurdo tan grande como la hija ilegítima de McCain, sólo que tal vez menos efectivo.

Si de alguna indicación sirven las primarias estadounidenses, es necesario aclarar que son mucho más viscerales que las generales. En estas últimas los candidatos debaten modelos de gobierno, posibles soluciones y en el mejor de los casos filosofías políticas. En primarias, por definición, los candidatos republicanos o demócratas están de acuerdo en el 95% y las cuestiones de matiz aburren al electorado; por eso se convierten en salvajes batallas de personalidad. Todos esos que ahora pontifican en la radio acerca de la autodestrucción del PSOE no han debido fijarse en una primaria en su vida. ¿Ganó Obama las de 2008 por su plan de reforma fiscal? ¿O tal vez fue porque las convirtió en un referéndum sobre quién representaba el cambio ante una candidata que llevaba un siglo en el candelero?

Esto del guante blanco debe ser cosa la falta de experiencia, porque las primarias han de ser sangrantes o no ser. Que vayan advertidos.


lunes, 7 de julio de 2014

Lo que yo recuerdo de Pedro Sánchez Castejón

La primera y única vez que entrevisté a Pedro Sánchez él era un concejal de segunda en Madrid y yo tenía mucho más pelo. No recuerdo siquiera el tema: parquímetros, festivales de verano... quién sabe. En cualquier caso no era nada crucial en la agenda municipal porque si así fuera no lo hubiera llevado entonces Pedro Sánchez. Tal vez el signo definitivo de la escasa consideración que le tenían en el grupo municipal es que le dieran su número particular al periodista de una tele local, como hicieron. La razón de existir y fin último de un gabinete de prensa político siempre es que no te los saltes pero se ve que en el caso de Pedro, les daba igual.

Lo que hasta ese momento momento pensaba de él es que no era de los que hablaba más en el pleno pero sí de los que hablaba mejor. Claro que en el yermo panorama del socialismo madrileño, eso no era entonces ni ahora mucho decir. Sé que le llamé para que me dedicara cinco minutos y que dijo que sí al momento, lo que era una novedad en mi vida de entonces. También me acuerdo que sonó exactamente como suena ahora: inteligente, afable, estudiado, artificial y con una preocupante falta de espontaneidad.

Lo que mejor recuerdo es que no quedamos en Cibeles ni tampoco en la plaza de la Villa, donde todavía vivía en el exilio todo el ayuntamiento menos Gallardón y sus pretorianos. Quedamos en esa sede paralela que tiene el PSOE en la calle Gobelas, al pie de la carretera de la Cooruña, rodeada de chalés millonarios en la urbanización de La Florida. Algún trabajo electoral andaba haciendo para la reelección de Zapatero y sé que pensé: mira, parece que el ostracismo en que le tienen los lumbreras del PSM no se corresponde con lo que de él piensan en Ferraz. Vete a saber. Entonces el PSM era tan indescifrable y dado al absurdo como es ahora. O a lo mejor yo lo había interpretado mal.

De aquella entrevista hubo poco que reseñar, probablemente porque la especialidad de Pedro Sánchez era entonces y es ahora el ajustarse al guión. Lo vi también cuando a su compañera concejal Beatriz Corredor la hicieron ministra de Vivienda y se lo quiso llevar de Secretario de Estado; la cosa se torció por algún lado y Pedro se quedó en el ayuntamiento de Madrid con sus parquímetros y sus festivales de verano. Cuando pasó al lado del corrillo de periodistas al día siguiente no se permitió ni una coma fuera de sitio. Dijo que había que trabajar por Madrid y que tenía mucho que hacer. No se le escapó ni un chiste ni una risilla, ni un off-the-récord ni un nada. Puro guión.

Recuerdo haber pensado que era un ejemplo de autocontrol, porque aquello hubiera sido un salto muy grande y la decepción se le veía en la cara. Esa disciplina de mensaje es un arte complicado y masoquista, racional, y probablemente muy beneficioso para un político. Sin embargo ayuda cuando además puedes transmitir a la gente que de verdad te lo crees. Pedro Sánchez decía entonces y ahora todas las cosas correctas, pero todavía estoy por escucharle algo espontáneo y ya han pasado unos cuantos años.

domingo, 6 de julio de 2014

Que no te engañen, en EEUU sigue sin gustar nuestro fútbol

A finales del verano de 2006, una multitud de 100.000 personas se reunió en la Plaza de Castilla de Madrid para recibir a la campeona del mundo de baloncesto, fue cuando Pepu Hernández dijo aquello de "Os voy a decir una palabra. Y escuchadla bien, porque va a ser una palabra muy importante: ba-lon-ces-to". La final había alcanzado un 47% de share. Este año el último partido de la final de la ACB apenas llegó al 10%, mientras que la final de la copa del Rey de fútbol estuvo por encima del 60%.

Al público español le interesa mucho España pero poco el baloncesto, al igual que al público estadounidense le interesa su equipo pero poco el fútbol en general. Y los mismos que se equivocaban al augurar una nueva edad de oro para el basket son los que creen ahora que por fin nuestro fútbol ha arraigado en EE.UU. Ni había tanto ba-lon-ces-to ni desde luego se ve por aquí  mucho so-ccer.

Ha habido entusiasmo por el mundial. Los bares de Nueva York se han llenado y abundaban las camisetas pero, ¿qué hay de verdad ahí detrás? Los hispanos lo adoran, desde luego, y al resto les ha parecido entretenido en esta época veraniega en la que ya han terminado el baloncesto, el hockey y el fútbol americano mientras que el baseball todavía está empezando. En el partido clave donde el equipo estadounidense fue eliminado por Bélgica la audiencia no llegó al 10%, tres veces menos de la que, por ejemplo, tiene en España una final de Champions cuando no juega ningún equipo español.

El soccer, sobre todo en la Costa Este, va dejando de ser un deporte al que sólo juegan chicas y tal vez la MSL vaya atrayendo más gente, lo que no es difícil dado la final más vista de su historia tuvo un 1,7% de audiencia y no ha vuelto a lograrlo en los últimos 17 años. De ahí a hablar de una ola de "futbolitis" arrasando el país creo que hay un trecho. A los españoles les encanta ver a Nadal llorar escuchando el himno en París, pero eso no significa que les guste el tenis. No engañemos al personal.

viernes, 27 de junio de 2014

A muerte con Juncker

Así a simple vista, no es que caiga muy bien. Juncker no sólo ha sido el arquitecto del austericidio, sino el autor de la imagen quemejor lo define. Y luego además, claro, que es luxemburgués; es difícil simpatizar con un luxemburgués salvo que te meta en su SICAV. Incluso me parece que puede ser verdad eso que dicen ahora de que es un borracho faltón. Vamos, que no niego Juncker es tal vez un hijo de puta pero, tal cual yo lo veo, es nuestro hijo de puta.

Porque resulta que los grandes partidos europeos se han tomado la molestia, por una vez, de proponer candidatos y organizar debates. Y la gente ha votado sabiendo lo que elegía y Juncker ha quedado por delante de los demás. Lo único que le separa de la silla es la última rabieta británica de una larga lista de rabietas británicas comunitarias y su gran pecado no es ser un borracho o un incendiario, ni siquiera ser luxemburgués. Lo que le frena hoy por hoy es que es europeísta.

Qué idea tan descabellada poner a un europeísta al frente de la Unión Europea. Y ahí está el problema: que en el Reino Unido no se quiere unión ni se ha querido nunca. Lo que desea Londres es un área de libre comercio y nada que se parezca a un proyecto político común. Una aspiración es muy respetable con consecuencias dramáticas: en vez de hacerse a un lado y quedarse como socio económico preferente, el gobierno británico de turno ha hecho de la obstrucción un arte durante las últimas décadas. Para Londres la unión sólo tiene que crecer y crecer para abrir mercados y a más diversidad, más muere la perspectiva de los Estados Unidos de Europa.

Yo soy muy de esa perspectiva, a pesar de todas las decepciones. Me gusta que Europa Occidental siga siendo, en comparación con cualquier otro lugar del mundo, un oasis de libertad, educación, prosperidad y servicios públicos. Y creo que la mejor manera de asegurar que esto continúe así es con una voz única en el mundo y un proyecto común para el futuro.


Europa es terrible hasta que la comparas con el resto del mundo, por eso estoy a muerte con Juncker. Porque tiene narices que de ese currículum oscuro que tiene, la única línea que le vaya a condenar sea precisamente la buena. La negativa del Reino Unido a todo lo que huela a más Europa está retrasando si no a todos los demás, a buena parte. Como en un chiste malo el socio que está saliendo por la puerta quiere dejar puesto al presidente… Si dejamos que esta rabieta acabe como siempre la Unión tendrá a la cabeza a un abstemio, pero ni será unión ni será nada.

miércoles, 25 de junio de 2014

Explícale a un diputado que no debe tener miedo

La próxima vez que intentemos convencer a un político español de la necesidad de listas abiertas y primarias, tal vez deberíamos empezar por decirle que su puesto de trabajo no peligraría a consecuencia de ello. Podríamos citar el ejemplo de Estados Unidos, donde sólo un 7% de la población dice confiar en el Congreso pero sin embargo alrededor del 90% de los legisladores son reelegidos.

Ayer, jornada electoral, tuvimos dos buenos ejemplos: El senador republicano Thad Cochran, que lleva 36 años en la silla, se deshizo del tipo que trataba de derribarlo desde la derecha en las primarias republicanas. Al mismo tiempo el demócrata Charlie Rangel, que lleva representando a Harlem en el Congreso 43 años, se salvó por poco del desafío en la primaria demócrata del político dominicano más poderoso de Nueva York, Adriano Espaillat.

En el fondo las dos historias tienen mucho que ver. Para empezar en ambos lugares las primarias lo son todo: es prácticamente imposible que un republicano gane en Harlem y es igual de difícil que Mississippi elija a un senador demócrata. Y para seguir ambas historias dejan claro que aunque en política David gana a veces a Goliath, eso sucede poco y casi siempre porque Goliath está tan fuera de la realidad que no ve venir la pedrada. Los políticos tienen un poderoso instinto de superviviencia y no se dejan sorprender tan fácilmente.

Así que no teman, señores diputados, que por lo que parece tienen más posibilidades de caer en desgracia con el líder en el sistema actual que de recibir una patada directamente de los votantes. Piénsenlo bien porque anoche un conservador sureño de Mississippi ganó las primarias republicanas movilizando el voto negro y el anciano congresista de Harlem volvió a demostrar que su distrito es cada vez menos negro pero que todavía no es suficientemente Bronx como para elegir un dominicano. ¿He mencionado que el congresista en cuestión ha ido de escándalo en escándalo por no pagar impuestos, no declarar bienes y muchas otras tropelías? En definitiva, políticos españoles: dense una oportunidad.

martes, 17 de junio de 2014

Por qué Hillary Clinton no será presidenta

Lo he puesto así de claro y así de fácil para que me podáis dar bien en los morros si el 20 de enero de 2017 resulta que sí, que jura el cargo. Pero yo creo que ni será ni debe ser, aunque no son muchos los que están de acuerdo conmigo: el 80% de los estadounidenses cree que es probable que se lleve las primarias demócratas y un 60% piensa lo mismo de la general. Se equivocan.

El mejor argumento por el que Hillary no será ni debe ser presidenta lo dio ella misma hace poco cuando dijo que no ha conducido un coche desde 1996. No es que tenga chófer desde entonces, que lo tiene desde mucho antes, es que no se ha puesto al volante siquiera. Un récord que probablemente supera al de Mariano Rajoy.

Esto, que es sólo una anécdota, es en realidad mucho más. Hillary lo tiene muy difícil para conectar con una persona normal. Lleva un carrerón político casi ininterrrumpido que la ha llevado de primera dama de Arkansas a primera dama de EEUU, de ahí a senadora por Nueva York y candidata a la presidencia, para terminar como secretaria de Estado. El último año que Hillary pasó como una persona corriente y moliente yo aún no había nacido y España acogía el mundial de fútbol: 1982.

Esa desconexión que ya era evidente en su primer asalto a la presidencia es aún más clara hoy. Cuando Hillary dice cosas como que ella y su marido dejaron la Casa Blanca "arruinados", no es que esté mintiendo del todo, significa que en el mundo de billonarios en el que llevan décadas viviendo, estaban de lo peorcito. No es el "arruinados" de no sé cómo llegaré a la semana que viene, es el "arruinados" de a ver cómo me organizo para comprar una mansión en Chappaqua y pagar las facturas de los abogados cuando a mi marido le acaban de dar un anticipo de diez millones por su biografía.

Así que a pesar de todos los demócratas que le ruegan que se moje y de que ella misma está preparándolo todo con minuciosidad, yo creo que perderá. Todavía no sabemos cómo ni quién, pero hay alguien ahí afuera listo para derrotar a Hillary. Alguien que ha conducido un coche al menos en los últimos diez años, tal vez incluso sigue haciéndolo. Alguien que toma buena nota de la noticia que ha dado hoy Bloomberg sobre cómo los Clinton tienen un entramado financiero montado para no pagar el impuesto de patrimonio que siempre han apoyado. De nuevo algo que es de lo más normal en los círculos en los que los Clinton hacen su vida desde hace mucho, pero que el estadounidense normal puede no comprender tan bien.

El peor enemigo de Hillary no son los escarceos de su marido ni el embajador que se le murió en Benghazi, es su propia desafección. Es sólo cuestión de tiempo que alguien se de cuenta.

jueves, 12 de junio de 2014

El gran fracaso estadounidense

Ahora nadie quiere saber nada. A Obama la intervención en Iraq le pareció una idiotez desde el primer día y lo único que quería era cerrar el capítulo lo más dignamente posible; y una vez que lo cerró con el último soldado de vuelta en casa, por nada del mundo va a volver a abrirlo. Es por eso que mientras las milicias suníes avanzan hacia Bagdad, el presidente se tapa los oídos y canta muy alto para no escuchar los gritos del primer ministro iraquí. Eso y el ruido ensordecedor que hace un país al romperse, acompañado del estruendo de un inmenso fracaso.

Obama dirá tal vez, en la intimidad, que nada de esto es culpa suya; que quién fue el idiota que tuvo la idea de convertir al U.S. Army en una contrata de construcción de democracias en Oriente Próximo. Todos sabemos quién fue el idiota pero haría bien el presidente en sentarse tranquilamente a pensar en las terribles consecuencias que puede tener la caída y división de Iraq. No para su presidencia, que ya está amortizada y en una apatía insalvable, sino para el papel mismo que quiere jugar EEUU en el mundo.

Casi 4,500 militares estadounidenses murieron en el experimento iraquí. Por las razones equivocadas, desde luego, pero el caso es que había una misión y fue una misión costosa en vidas y en recursos. Si ahora resulta que todo eso no ha servido para nada, si Iraq se convierte en un puzzle de califatos en permanente guerra religiosa... entonces la política exterior estadounidense se acabó. Nadie volverá a convencer a los estadounidenses de que se preocupen de lo que pasa en el resto del mundo. El aislacionismo de los años 20 va a parecer una broma.

Nadie espera que Obama mande a la 82 aerotransportada a que tome de nuevo el aeropuerto de Bagdad, pero el presidente parece receloso a autorizar incluso los ataques aéreos que le pide el gobierno iraquí para retrasar el avance de las milicias. No hay modo de que los suníes dominen Iraq por completo, pero sí de que vuelva la guerra sectaria y el país se desmorone, con los kurdos al norte felices de que los dejen solos y los suníes y los chiíes matándose entre sí. Un panorama fabuloso para el sustituto de Obama, quien quiera que sea, y que dejará sin duda al presidente en un lugar de honor en los libros de historia. La nueva era del aislacionismo.

miércoles, 11 de junio de 2014

La resurrección del 'Tea Party'

Nadie se lo vio venir y él menos que nadie: Eric Cantor, el segundo republicano más poderoso del país, ha perdido su propia primaria. A él, que es bien conservador, le ha vencido un ultraconservador. No uno cualquiera, sino uno al que las últimas encuestas pronosticaban una derrota por 30 puntos y que ha gastado 40 veces menos que él en la campaña. Una gesta formidable la de este tipo llamado  terremoto en toda regla, lo más bonito de la política.

Los del Tea Party se relamen satisfechos tras cobrarse una pieza de caza mayor. Ahora da igual que hayan fracasado con sus objetivos principales y que no le hubieran hecho mucho caso es esta elección; como a cualquier ejército rebelde les sobra con una victoria para demostrar que el rey está desnudo.  Y si encima,  como es el caso, se trata de la primera vez en la historia que un 'líder de la mayoría' pierde en primarias, más todavía.

La derrota de Cantor manda un mensaje sombrío al país. Si un tipo tan a la derecha como él no está lo suficientemente a la derecha como para sobrevivir en el partido republicano, entonces el partido tiene un problema. El extremismo del Tea Party que tantos daban por enterrado está bien vivo y saludable. Los dos repasos que han recibido en las últimas presidenciales no han llevado a los republicanos hacia el centro.

La peor noticia sea tal vez para la reforma migratoria, en la que Cantor se mantenía en un complicado medio camino por el que ha sido muy criticado en la campaña. Aunque otros republicanos partidarios de la reforma han sobrevivido a los ataques del Tea Party esta noche, es difícil no prever que algunos no vayan a poner sus barbas a remojar tras el afeitado de Cantor esta noche.

jueves, 5 de junio de 2014

Pactar con el diablo por un idiota

El soldado Bergdahl era un tipo raro, eso lo sabían todos. Creció en las montañas de Utah y no fue a la escuela, sino que sus padres lo educaron en casa. Le gustaba 'el último superviviente' y era un tipo fantasioso, tanto que hizo el petate e intentó enrolarse en la legión extranjera francesa como si fuera un poeta maltdito. Cuando lo rechazaron optó por lo más parecido: el ejército estadounidense. El soldado Bergdahl era un idiota.

Tan idiota como para salir por su propio pie de su base estadounidense en Afganistán, llevando apenas lo puesto, con la intención de alcanzar las montañas de Pakistán viviendo de lo que da la tierra. Estaba harto de la guerra y simplemente se fue. Los talibanes lo atraparon casi de inmediato pero tampoco tiene gran mérito, era un blanquito  cruzando a pie un valle afgano. Se dice que lo cogieron cagando, toda una metáfora de su exitoso plan.

Durante los casi cinco años que ha pasado secuestrado, seis de sus compañeros han perdido la vida buscándolo a pesar de que es, según todas las indicaciones, un desertor. Y ahora con tal de traerlo a casa, la administración Obama ha sacado de Guantánamo a cinco líderes talibanes. El presidente ha pactado con el diablo para no dejar atrás a un idiota de Utah que creyó que podía irse de camping por Afganistán. Y quién sabe si está bien hecho.

Porque ahora son muchísimos los republicanos que condenan a Obama por haber excarcelado a los cinco malvados y que borran a toda prisa sus mensajes de twitter el los que se congratulaban por el regreso de Bergdahl. Casi todos coinciden en que idiota o no, traidor o no, había que recuperarlo. ¨No dejamos a nadie atrás¨, que dicen los Army Rangers. Pero claro, ¿a cambio de sacar de Guantánamo a esa calaña y gritarle además al mundo el precio exacto de un soldado estadounidense?

Esta es una de las pocas situaciones en las que un político da gracias secretamente por no estar en el poder. Los principios inquebrantables funcionan mejor cuando no hay que cargar con la culpa, cuando no sabes que estuvo en tu mano hacer esto y aquello. Quién sabe cómo actuaría uno si tuviera que pactar con el diablo por un idiota.

PD: Si tenéis un rato largo, no dejéis de leer el fantástico artículo del fallecido Michael Hastings sobre la historia del soldado, hoy sargento, Bowe Bergdahl. Un auténtica obra maestra.

martes, 3 de junio de 2014

El Rey tiene que ser un unicornio

Mis amigos estadounidenses me miran con una media sonrisa cuando les hablo de la 'dimisión' del Rey. Las monarquías no les repugnan, pero las miran con la misma actitud curiosa y un poco incrédula que tienen los turistas japoneses que van a un tablao flamenco. Les parece curioso, divertido, "charming"... pero no lo entienden. Es para ellos una rareza simpática como una japonesa con un kimono o un holandés que lleva zuecos. Como si en Japón, en Holanda y en España todavía hubiera un tipo que es jefe de estado por derecho de sangre y no hay más que hablar. Les tiene fascinados y no me extraña.

A mí también, la verdad. Un rey tenía que ser una cosa como un unicornio o un dragón, que estuviera en los cuentos pero que no existiera de verdad. Que no hubiera existido nunca, claro, pero ya es un poco tarde para esto. Siempre me he llevado mal con la idea de la monarquía hereditaria, con el hecho de que el más fuerte de la pandilla se hiciera rey y años y años después los nietos de sus nietos tuvieran la vida solucionada. Es la pura definición de la injusticia.

De esto se dan cuenta todos: escépticos, realistas, juancarlistas, los que no quieren lios... todos saben que la monarquía es un sinsentido. Es por eso que el debate sobre ella siempre se hace en términos posibilistas, hablando de si cuesta tanto tenerla o si cuesta tanto quitarla o si nos sale a cuenta que el Rey juegue al mus con el sultán de nosedonde para que OHL construya un ave. Todo eso está bien, pero la pregunta fundamental está respondida hace muchos años. La monarquía es una cacicada absurda por concepto, sean cuales sean sus consecuencias e independientemente de quién lleve la corona.

Lo que pasa es que todos nos hemos dejado llevar por la comodidad. Cambiar, desde luego, es un follón: ponte a hacer una constitución, siéntate a hablar con los otros, aclara qué pasa con la familia real... Y durante muchos años no nos ha gustado nada el follón. Una mentalidad vuelvaustedmañanista que nos ha ido, ya se ve, de perlas. Pero ahora es diferente porque el trabajo sucio ya está hecho, ya se ha encargado la crisis de ponerlo todo patas arriba y sacar a flote todas las miserias. Así que si a mí me preguntan, que nadie lo ha hecho, yo creo que va siendo hora de acabar con el cuento del unicornio. Sin histerias, sin violencia y sin insulto. Con la calma de las urnas.

viernes, 30 de mayo de 2014

La guerra de los caballos en Nueva York

A mí no me gustan nada los carruajes de caballos. Y lo digo por experiencia, ojo. Casi cada día del último año he recorrido el extremo sur de Central Park siguiendo la calle 60, donde los cocheros esperan a la caza de turistas. Eso quiere decir que durante todo un año, el olor a boñiga caballar me ha estropeado una buena vista del parque y sólo por eso yo ya los estaría prohibiendo; pero es que yo soy un poco extremista y por cosas como esta no me eligen alcalde de Nueva York. En vez de eso han escogido a Bill de Blasio que los va a prohibir igual, pero por diferentes motivos.

El motivo principal, diríamos, es complacer a los animalistas que rechazan la esclavitud de los caballos. Estos son los mismos que los del PACMA en España, gente que está un poco 'pallá' con el tema del amor perruno, felino, a las ballenas y equinos y al resto de criaturas. Lo que pasa es que aquí son más, o al menos tienen mucho más dinero y hacen más ruido. O a lo mejor de verdad hay otra sensibilidad general que viene de todos los años que hace que el americano medio no tiene "animales" pero sí que tiene "mascotas". Porque el americano medio no vive en el campo, vive en una ciudad o sus alrededores con un gato persa y un beagle.

El caso es que especialemente aquí, en esta capital vegana de América donde cada vez se comen menos cheeseburgers y más tofú orgánico de Whole Foods, los animalistas se movilizaron. Metieron mucho dinero en la campaña del ahora alcalde y se dedicaron a machacar sin piedad a su máxima rival; todo por el asunto este de los carruajes malolientes de Central Park, que ya son ganas de condenarte por una cosa así, que le hacían escraches a la puerta de su casa diariamente.

Y el alcalde de Blasio ha ganado y ahora, claro está, le toca cumplir. Le toca cumplir aunque tres de cada cuatro votante no quieran y aunque el tabloide más izquierdista de la ciudad, el Daily News, haya montado una campaña en contra. Va a tener que pasar por encima de los cocheros que se quedan en la calle, figurativamente, e inventarse una nueva chorrada para que los turistas gasten en el parque. No creo que recule, aunque últimamente haya dicho que prioridad, prioridad, tampoco es.

Y tal vez sea un error porque estas preocupaciones de pijos, y que me disculpen los animalistas, no resuenan tanto cuando uno sale de Manhattan y va a la ciudad donde no hay muchos veganos que compren en Whole Foods. En las últimas elecciones, el brooklinita de Blasio se declaró el candidato de esa Nueva York olvidada a la que esto le importa poco y que simpatiza más con el chófer que va a quedar desempleado que con el caballo que tira del carro.

Así que yo me voy a ponerme también de su lado, a pesar de los malos olores. Aunque sólo sea porque soy de esa opinión rancia de que los animales no son personas y porque no me parece que a un caballo le denigre lo más mínimo tirar de un carro. Y también por ver si así le damos un poco de vuelta a la corriente, si ponemos un palo en las ruedas a tanto amor animal que hace que las grandes teles de por aquí ignoren muchas miserias humanas a cambio de un vídeo de quince segundos con la última monería que hace una mascota. Se empieza por pequeños gestos.

lunes, 26 de mayo de 2014

Marcharse a tiempo: cuando Rubalcaba era 'el salvador'

Ahora que el PSOE vive en el desastre permanente es difícil recordarlo, pero en la primavera de 2011 hubo muchísima gente que le rogó a Alfredo Pérez Rubalcaba que tomara las riendas. Dentro y fuera del partido, eran legión los aterrorizados que pensaban que Rubalcaba podía si no parar el golpe, al menos mitigar la violencia del impacto.

Y no era ninguna locura. A pesar de todo aquel ruido del Faisán, Rubalcaba era el socialista mejor conocido y más tragable para el centro; tras cien años en el establishment nadie podía tacharle de revolucionario y desde luego que no era un bobo ingenuo como el que el PP señalaba en Zapatero. Tampoco era una treintañera que había hecho una transición veloz de ser catalana a ser andaluza y eso ayudaba.

Pero el golpe, claro está, no había quien lo parara. Y Rubalcaba se despeñó no más que ningún otro cuyo nombre hubiera ido justo debajo del puño y la rosa. Y él lo sabía, supongo, pero: ¿quién le culpa? Al feo, a inteligente operador en la sombra, al secundario de lujo nunca le dejan presentarse. Sólo ante un desastre así podía Rubalcaba ir el primero de la lista. Había que probar, claro.

Es entonces cuando la cosa se vuelve incomprensible. Cómo este tipo se ha dejado arrastrar por los caballos durante todo este tiempo: él, al que los suyos llaman inteligente y los otros llaman maquiavélico, que en política es tanto como decir muy inteligente. Rubalcaba ha seguido y seguido hasta ser ignorado por todos, los suyos y los otros.

Tal vez era espíritu del deber, tal vez quería recibir la última paliza y dejar al nuevo candidato sin un desastre precoz. Tal vez, más probablemente, esperaba uno de esos milagros en los que creen los políticos; una resurrección europea que le diera otra oportunidad. O tal vez miraba alrededor a muchos de los que quieren sucederle y justificadamente pensaba, ¿con estos van a estar mejor?

Lo único cierto es que el PSOE es hoy sólo más viejo y más débil que cuando él llegó a la secretaría general, como el propio Rubalcaba. Que el gran urdidor ha perdido en esto hasta la reputación y que todos los que gritaban ´sálvanos´ llevan meses gritando ´márchate´. Llevando al PSOE en carrera hacia la irrelevancia, él mismo se ha quedado allí.

viernes, 23 de mayo de 2014

Veteranos de guerra

Estados Unidos es un país que sabe honrar a sus héroes, al menos en lo que a la retórica se refiere. Aplauden a los soldados de uniforme en el descanso de los partidos y los paran por la calle para estrecharles la mano y decirles: "thanks for your service". El próximo lunes es Memorial Day y el país se volcará en pequeños gestos como este.

No lo digo con la sorna que lo suelen decir los españoles. Este reconocimiento social me parece lo menos que puede hacer un país por quien va donde le dicen y cuando le dicen, sin rechistar, a hacer lo que nadie más quiere hacer. Una cultura ciudadana de gratitud que es envidiable aunque a veces se quede en la fachada. Incluso aunque no llegue a los muchos mendigos son o se publicitan como veteranos de guerra. Incluso aunque incluya mucho epitafio a los muertos y poca atención a los vivos.

El culto al heroísmo tiene en Washington su ciudad santa. La capital es un enorme mausoleo lleno de memoriales de guerra y homenajes a héroes muertos. Una parque temático del llamado ‘excepcionalismo americano’, la perfecta visita de fin de semana que deja obnubilados a los pueblerinos, deslumbrados con el fulgor del poder estadounidense y con su mitología escrita en mármol.

Pasan por la capital el tiempo justo para admirar mucho e indagar poco y se marchan imbuidos del sentido de pertenencia que ha mantenido a este país unido a pesar de todos los pesares durante dos siglos y medio. Pero antes, desde luego, cruzan el Potomac para visitar el mármol de mármoles; el verdadero templo de la muerte y del heroísmo, de los mejores valores estadounidenses y del heroísmo que sustenta la leyenda.

Bajo las verdes colinas de Arlington, 400.000 soldados estadounidenses descansan. De la guerra civil hasta la de Irak, su presencia lo llena todo. En su mayoría se trata de filas y filas de simples lápidas blancas que crecen a razón de 30 por día. Un silencio respetuoso lo llena todo, dándote cierta paz al principio y hundiéndote en un opresivo luto después de ver las cien primeras tumbas. Todo es tan solemne que es un milagro que el soldado que desfila una y otra y otra vez ante la tumba de los soldados desconocidos no se vuelva loco.

Como Arlington, hay 131 de estos cementerios repartidos por el país, limpios y cuidados, solemnes y austeros. El país pasa con nota en su trato a sus muertos, no tanto así a sus vivos: esta semana los estadounidenses andan revueltos con las últimas revelaciones de los hospitales de veteranos, cuyas listas de espera harían estremecerse a cualquier paciente del 12 de Octubre. Más de uno se ha muerto esperando entre la palmada en la espalda y el mármol. Sobrevivir para esto, supongo que dirán.


miércoles, 30 de abril de 2014

¿Había que sancionar al propietario racista de los Clippers?

Donald Sterling es un racista repugnante, eso está fuera de toda duda. No ya por decirle a su amante eso de "no traigas negros a mis partidos", sino por su largo historial de discriminar a sus inquilinos afroamericanos e hispanos. Y desde luego que cuando tantas estrellas de la NBA dicen que en la liga "no hay sitio para gente así" tienen toda la razón. Así que no voy a llorar porque le hayan sancionado de por vida, ni porque le vayan a obligar a vender el equipo y desde luego no por una multa de dos millones y medio de dólares que para él no es dinero. Sin embargo, en todo esto hay algo que me inquieta profundamente.

Sterling estaba manteniendo una conversación privada por teléfono y es por esa conversación que ha sido sancionado y expulsado de la liga. Kobe Bryant fue multado con $100.000 por lanzarle un "insulto homófobo" a un árbitro, pero eso fue dentro de la cancha, y Ron Artest le sancionaron con 86 partidos pero fue por agredir a un espectador, también durante un partido. Este tipo estaba hablando por teléfono con su 'amiga'  y por muy poca simpatía que le tenga, no sé si me quedo tranquilo en un mundo donde cualquiera puede grabarte una conversación privada y hacer que te echen de tu trabajo y te pongan una multa millonaria.

Entendería que nadie quisiera sentarse con él en un palco, que ningún jugador aceptara ni acercarse a él y que todos los patrocinadores de los Clippers lo abandonaran para forzar su salida. Me gustaría que los restaurantes le cancelaran la reservas y que jamás le volvieran a invitar a una fiesta en Hollywood. Me encantaría que pasara tanta vergüenza que se fuera a vivir al desierto de Nevada un par de años pero no me alegra nada esta constatación de que no tenemos ya intimidad ninguna. 

Esto que para mí es preocupante no parece que le moleste a nadie más y es fácil comprender por qué: nadie quiere simpatizar con un imbécil de este calibre, menos todavía en un país con una historia de discriminación de la cual aún se están escribiendo los últimos capítulos. Todos celebran la decisión del nuevo jefe de la NBA Adam Silver, que tiene plenos poderes para parar fichajes, dejar a un equipo que se cambie de ciudad o sancionar lo que quiera sancionar y perdonar lo que desee perdonar. Tal vez es el único modo de que la mejor liga del mundo funcione como un reloj suizo, que lo hace, pero el episodio que tiene por víctima a este snob racista deleznable deja también un cierto aire a 'Gran Hermano'. Enterrado Sterling en vida, tal vez es hora de que alguien se pregunte cómo y por qué sale esa conversación a la luz y hasta qué punto puedes estar tranquilo al teléfono.

lunes, 28 de abril de 2014

Del FBI al Congreso, del Congreso a la cárcel

Michael Grimm, congresista republicano por Nueva York, saltó a la fama desde un balcón. Desde un balcón del Congreso, en concreto. Un periodista de la cadena local NY1 lo entrevistaba sobre el discurso que Obama acababa de pronunciar y antes de concluir le preguntó por una investigación que estaban realizando sobre la financiación de su campaña de 2010. La reacción de Grimm no tiene precio: se niega a responder, sale de plano y unos segundos después regresa para zarandear al reportero y regalarle los oídos con lo siguiente: "Permíteme ser claro, si vuelves a hacerme eso alguna vez te tiro de este puto balcón (...) No eres lo suficientemente hombre. Te partiré por la mitad como un niño". Puro cowboy, muy propio de la imagen cultivada de machote que ha sido su marca electoral.

Pero amenazar de muerte a un periodista, parece ser, no tiene mucha importancia. El congresista se disculpó, el reportero olvidó y sus votantes... bueno, sus votantes aplaudieron. Las encuestas en su distrito decían que el demencial episodio del balcón lo había hecho más popular. Grimm representa en el Congreso a una pequeña parte de Brooklyn y fundamentalmente a Staten Island, una isla que tiene tres veces el tamaño de Manahattan y un tercio de su población y que es uno de los cinco 'boroughs' de la ciudad de Nueva York. Eso además de algo así como un 'espacio protegido' para los conservadores; en una ciudad donde hay seis demócratas por cada republicano, Staten Island es lo más parecido a su bastión. Algo tiene también que ver que en Nueva York los blancos no hispanos representan un 33% de la población y el Staten Island un 65%.

Grimm lo tenía todo para ser una estrella republicana: un repeinado exagente del FBI que se había infiltrado en la mafia y había luchado contra el crimen de guante blanco. Sobre el papel todo bonito, si excluyes algún episodio previo de exceso de testosterona como esa vez que sacó el arma en un club nocturno. Aún así nada que preocupara a los votantes de Staten Island que lo han votado ya dos veces.

No les preocupaba, supongo, hasta ahora. Hoy el congresista Grimm, el exagente Grimm, ha sido detenido por sus excompañeros después de una investigación de más de dos años. Parece que en el negocio que montó entre el FBI y el Congreso se saltó todas las normas posibles: ha sido formalmente acusado de veinte delitos federales incluyendo diversas instancias de fraude y delito fiscal. Los mismos republicanos que se rieron de su episodio con el periodista y daban por segura su reelección, buscan a toda prisa un reemplazo. Es la historia perfecta del cazador cazado y la rueda de prensa de los investigadores ya ha dejado una frase que a la fuerza tiene que acabar en una película: "como exagente del FBI, el congresista Grimm debería comprender nuestro lema de 'fidelidad, valor e integridad' (...) pero él vivía con otro lema: fraude, perjurio y obstrucción a la justicia".

viernes, 18 de abril de 2014

Washington ens roba: los mil amigos de Cliven Bundy

El adolescente desequilibrado que entra a tiros en su instituto me da mucho miedo. Como a cualquier europeo, me resulta complicado entender un lugar en el mundo donde si quieres un arma, la tienes. Pero sin embargo hay alguien que me da más miedo. Su nombre es Cliven Bundy y vive en su rancho de Bunkerville, Nevada. No lo imaginéis en el fin del mundo, porque está a una hora y pico en autovía de Las Vegas.

Pues el caso es que el ganado del señor Bundy pace en tierras propiedad del gobierno federal y por tanto debiera pagar la tasa correspondiente, pero Cliven anda peleado con la administración. A principios de los 90 le obligaron a reducir el número de reses que alimentaba allí para proteger el hábitat de no sé qué tortuga de tierra. Una gilipollez, probablemente, pero ese fue el día que Cliven se declaró en rebeldía y decidió que no reconocía ya más la propiedad de esas tierras y que iba a poner a comer a su ganado donde mejor le conviniera. Puro far west.

La cosa no tendría mayor importancia de no ser porque veinte años después, a la administración se le han hinchado las narices y ha decidido arramplar con las vacas. Y de esto que se presentan allí doce agentes del Bureau of Land Management decididos a incautar reses por valor del más de un millón de dólares que ya debe, pero entonces se encuentran con que Cliven ha llamado a mil amigos. Mil amigos que comparten su credo de 'Washington ens roba'. Mil amigos que llevan pistolas, subfusiles, ametralladoras y chalecos antibalas.

Y no se dispara un solo tiro, ojo. Los funcionarios son gente con buen criterio que procede a salir de allí con la mayor dignidad posible, que es bien poca, mientras ídolos mediáticos de la derecha y unos cuantos políticos de tercera jalean a los... no sé muy bien cómo llamarlos, ¿milicianos? Y tú dirás, a lo mejor, que en qué se diferencia esto de cualquier otro acto de resistencia civil contra una decisión administrativa que consideras injusta. Bueno, pues ya he dicho en lo que se diferencia: en las pistolas, subfusiles, ametralladoras y chalecos antibalas.

De momento ahí sigue Cliven Bundy, con sus rebaños pastando donde le sale de los huevos, pero mayormente por encima de la ley. A mí me da un miedo terrible.

lunes, 24 de marzo de 2014

Madrid-Barça en el oasis

No se puede ver el fútbol en un lugar más español que éste: a 6.000 kilómetros de casa, un auténtico bar de viejos. El Círculo Español de Astoria parece desde fuera una vieja y respetable logia masónica, con un cartel grabado en piedra que indica 'The Royal Order of the Moose', pero el camuflaje es sólo exterior. Nada más cruzar la puerta no vemos la madera pulida de un 'speakeasy', sino una acogedora barra propia de un restaurante de gasolinera de la A-1. El retrato del Rey no es de Elvis, sino propiamente del Rey, y en vez de esos cubículos con sillones acolchados están las mesas mal calzadas y los manteles de papel que ha de tener todo bar español. Sí, eso de ahí son patatas bravas.

Sin embargo, como en casi todo, el aspecto es secundario. Donde más se siente la españolidad de este oasis español, que no hispano, es en la concurrencia. No la de hoy, donde por ser día grande está lleno de estudiantes y recién llegados, sino la que te recibe un día cualquiera entre semana; la de los abuelos jugando al dominó que, como si este fuera el bar de cabecera de cualquier pueblo manchego, callan cuando ven entrar al desconocido y lo miran no con hostilidad, pero sí con extrañeza. 

Estos fieles a los que normalmente les sobran tres cuartas del local se arremolinaban hoy en la barra, dejando el inmenso comedor a la marabunta traída por el fútbol. Tres horas antes de que Undiano (ay, Undiano...) diera el pitido inicial ya no quedaba una mesa; todos dándonos ánimo con paellas a las que en casa no mirarías dos veces y que aquí te saben a El Bulli, explicándole al ocasional amigo americano qué es una 'porra' y la correcta traducción de 'hacerle un siete' a alguien. Todo a voces.

Mientras empieza y no empieza ya corren las copas a la española, esas que no tienen hielo de granizado sino cubitos gordos, con doble de generosidad. Un grupo de japoneses disfrazados, que no vestidos, del Barça trata de poner buena cara mientras las tres mesas contiguas los señalan y hacen chistes 'de chinos'. Un señor al que se le ha olvidado el español chilla 'Hala Madrid' a pleno pulmón cada treinta segundos durante los quince minutos previos. Esto promete.

El resto es historia. Todos pudieron celebrar algo en algún momento, que no está mal. Algún exaltado como yo discutió un penalti y hubo precio sin IVA y con IVA, como en casa mismamente. Atendían las mesas los hijos más jóvenes de los emigrante españoles, casi todos con un castellano más que razonable y un inglés, a mis oídos, perfecto. Una de ellas tiene acento gallego y nos dice "Si lo pierdo, no sabes cómo se ponen mis padres". Llegó con diez meses y hace el viaje de vuelta tres o cuatro veces al año. Era del Barça, cosas de juventud. Los del club de dominó, mis favoritos, eran mayoritariamente de los buenos.

sábado, 22 de marzo de 2014

Only in America: la tarjeta regalo del Burger King

Nada dice te quiero como quince dólares para que te los gastes en lo que quieras. En un whopper, alitas de pollo, aros de cebolla... Un sinfín de posibilidades


miércoles, 12 de marzo de 2014

La ciudad callada

Si Nueva York es la ciudad que nunca duerme, Madrid es la ciudad que nunca calla. Las conversaciones a voces son parte fundamental de la idiosincrasia de este lugar de pocas idiosincrasias, hogar de todos y casa de ninguno. Ese bullicio tan nuestro estaba allí cuando tomé el metro en la mañana del 11 de marzo de 2004, una hora punta cualquiera con sus empujones, sus Ipods y su leer el periódico gratuito por encima del hombro de alguno. Para cuando regresé a casa al mediodía, sin embargo, ya era 11-M: los trenes iban y venían semivacíos y en los vagones había un silencio espeso y antinatural, lleno de miradas nerviosas. Nadie leía, nadie empujaba y casi nadie escuchaba el Ipod.

Y eso que en el Madrid de entonces una bomba o un tiro en la nuca no eran tan sorprendentes como lo serían ahora. Teníamos comando a nuestro nombre y los etarras habían dado sobradas muestras de su continuo interés por la ciudad. Tal vez por eso yo, que había visto desde el patio de mi colegio la columna de humo del  atentado de Puente de Vallecas, no contemplaba ninguna opción que no fuera ETA. Reconozco que me extrañó ver a Arnaldo Otegi en las noticias del mediodía con aquella declaración tan categórica de que no lo contemplaba la "ni como mera hipótesis". Viniendo de un tipo que no había tenido el más mínimo escrúpulo en atenerse a la despreciable fórmula abertzale del "lamento pero no condeno", me chocó. Llegué a pensar si el atentado no sería obra de un grupo incontrolado de etarras al estilo del IRA Auténtico, pero no fui más allá.

Entretanto, la ciudad seguía aturdida por el dolor: las imágenes de Atocha, Santa Eugenia, El Pozo e Ifema nos tenían pegados a la televisión, esperando noticias tras puertas cerradas, en silencio. Pero iba a ser el gobierno el que nos devolviera la voz aquel día. No otro que el ministro del Interior, Ángel Acebes, cuando a eso de las ocho de la tarde salió a contarnos que la Policía había encontrado una furgoneta con detonadores y cintas con versículos del Corán. Todo lo cual no redujo un ápice su convicción (moral, dijo por aquellos días Mariano Rajoy) de que ETA era la responsable. Y con ello, a mí se me cayó la venda de los ojos y lo vi claro por fin. Para ser un estudiante de periodismo me había tomado bastante tiempo.

Durante meses el gobierno se había tomado el lujo de apoyar la invasión de Irak frente a una opinión pública en franco y rotundo desacuerdo. Creían en Génova, y parecían llevar razón, que el asunto podía sacar manifestantes a la calle pero no era tan importante como para poner en peligro el traspaso de poderes entre Aznar y su designado sucesor. Eso, claro, hasta que Irak estalló en los trenes en el peor momento y ya no era un asunto menor, era el único asunto. Puede que aquel argumento callejero de "si no te hubieras metido en Irak, nada de esto hubiera pasado" no sea completamente cierto, pero para la mayoría de los españoles aquel día era claro como el agua clara. También, desgraciadamente, para los estrategas del Partido Popular que abanderaron esa absurda negación de la evidencia.

Así fue como en apenas unas horas Madrid pasó de ciudad callada a ciudad ruidosa, pero no con el bullicio alegre que le es tradicional, sino voceando rabia a pleno pulmón. Algunos hubieran deseado decir "te lo dije" pero fue otro el grito que se impuso en la manifestación del viernes, lloviendo a mares: "¿Quién ha sido?". Porque el gobierno estaba repartiendo desinformación a diestro y siniestro, presionando a medios a derecha y a izquierda, movilizando a las embajadas, prostituyendo a la Agencia EFE, descolgando el teléfono y haciendo lo que fuera necesario. Como si se estuvieran jugando la vida. Porque se estaban jugando la vida.

Tras el jueves del silencio y el viernes de la rabia, llegamos a un sábado que fue de todo menos de reflexión. No sé si Rubalcaba estuvo mandando personalmente los SMS, como viene a decir la mitología PPopular, pero desde luego que había mucha gente que se había quedado con ganas de seguirle gritando a un gobierno que persistía en su mentira. Contra la policía, contra los expertos internacionales, contra viento y marea los de la "convicción moral", del gobierno al partido, seguían apuntando a ETA. Pero ya no había tragaderas y al PP le había traicionado el calendario que decía que el domingo era domingo, domingo electoral. Domingo de justicia.

El efecto "te lo dije" de la guerra de Irak tuvo sin duda su peso, pero probablemente menos que el de esos miles de votantes de izquierda a los que el teatrillo de Acebes sacó de sus casillas. En ningún sitio se notó tanto como en Madrid: de haber ganado las anteriores generales por veinte puntos de diferencia sobre el PSOE, esta vez el PP le sacó apenas uno e Izquierda Unida se desplomó víctima del llamado ''voto útil'. Muchos de aquellos a lo que les acababan de birlar el cambio en Madrid tras el 'Tamayazo' volvieron a las urnas para castigar al PP.

Tras el silencio, la rabia y la justicia, Madrid volvió a ser la ciudad de siempre. Las convulsiones de aquellos días de marzo pasaron, dejando una terrible pérdida en vidas y una cierta medida de amargura. Aunque había sido golpeada por el terrorismo muchas veces, la sensación de vulnerabilidad que dejó este atentado fue muy diferente. Y también dejó una señal en nuestro sentido del humor: en esta ciudad he oído chistes macabros y de poco gusto sobre muchas tragedias pero diez años después, ni uno sólo sobre la matanza del 11-M.




jueves, 6 de marzo de 2014

Obama y Putin, duelo de fracasados

De un lado, Barack Obama, ya con esa cara de cadáver que se le pone a todos los presidentes en su segundo mandato. Consciente, desde luego, de que el tiempo se acaba y de que lo que no haya conseguido hasta ahora ya es poco probable que lo consiga... y de que lo que ha conseguido, es más bien poco. O eso parece, porque rescatar al país del abismo financiero y obligar a todos los estadounidenses a tener seguro médico no le parece gran cosa a sus conciudadanos. Su popularidad languidece en mínimos históricos y presidente se ve ante la incómoda certeza de que su única línea en la historia la escribió antes incluso de llegar a la Casa Blanca: "el primer presidente afroamericano". Desde entonces, todo ha sido caer.

Del otro lado el zar Vládimir Putin, que acaba de gastarse 36.000 millones de euros en una olímpica operación de lavado de imagen que él mismo se ha encargado de arruinar sólo unas semanas después. Si los juegos de Sochi habían provocado más chistes que otra cosa en Occidente, ahora el presidente ha decidido que la nueva cara de Rusia no será la de esos lavabos increíbles en los estadios sino la de sus tanques en Ucrania. Un rostro más serio, más soviético y mucho más siglo XX.

Obama intentó al principio hacer como que no pasaba nada, temeroso de que la enésima crisis internacional le quitara su última oportunidad de hacer algo grande en Estados Unidos. De ahí el ridículo: Obama hablaba de "graves costes si hay una invasión" cuando la invasión ya había comenzado y la primera amenaza que salió de la Casa Blanca fue la de no mandar delegación oficial a los juegos paraolímpicos. No es exactamente la manera más convincente de intentar devolver los tanques a los cuarteles.

Putin también ha tenido su ración de ridículo. Su protegido Yanukovich le ha salido rana y a huido a la carrera de Kiev con la banda presidencial puesta. Y desde ahí va improvisando. No sabía muy bien para que sacó los tanques y los sacó pese a todo. Ahora Crimea llama a su puerta para anexionarse a Rusia y eso le va a traer graves problemas y pocas ventajas, porque su base naval ya la tenía antes y ahora Occidente está de uñas y al otro lado del Mar Negro, Turquía no quiere ni oír hablar del tema.

Lo de Crimea es un duelo improbable de fracasados. Claro que uno de ellos tiene todo el tiempo del mundo, la prensa amordazada y un parlamento que está completamente a sus órdenes. Obama, en eso, lo tiene peor.

jueves, 20 de febrero de 2014

Lo que yo recuerdo de Francisco Granados

Francisco Granados era, pero muy de lejos, el consejero más simpático de la Comunidad de Madrid. Probablemente el más listo, también. En aquel gobierno de señoritos que no salían de la M-30 más que para ir de caza, era el único que podía hacerse pasar por una persona normal. El único que en la fiesta de navidad de la Comunidad de Madrid, cubata en mano a las tres de la mañana, le seguía el ritmo a la manada de veinteañeros asilvestrados que éramos mayoría en la información local de entonces. También a los de las teles pobres y las radios desconocidas.

Era un tipo, ya digo, de lo más agradable. Bueno en los micrófonos, siempre divertido, nada ñoño y le atizaba a la oposición que daba gusto. El tipo de persona que podía y pudo echar a la izquierda de la alcaldía de su pueblo, Valdemoro, cuando eso era mucho decir. El único que podía compararse con Aguirre en su capacidad de conectar con los paisanos, pero muy particularmente con esos tres millones que no viven en Madrid-Madrid. El subalterno con más aptitudes políticas, dos pasos por delante de un pijo listo como Güemes y diez pisos por encima de Ignacio González, que todavía no ha conseguido caerle bien a nadie.

Pero en la política española ya se sabe que destacar está muy mal visto. Y los mismos que miraron hacia otro lado cuando le quemaron el coche y resultó estar a nombre de un constructor, los que le pasaron por alto ese servicio de espionaje de Mortadelo y Filemón que tenía montado, se lo cargaron porque lo de la política se le daba bien. Demasiado bien para su tranquilidad. Cuando Esperanza decidió quitárselo de enmedio, Granados plantó batalla lo que pudo, que en el PP de Madrid y contra Aguirre es bien poco. Entre que lo echaron del gobierno y le quitaron de secretario general del partido pasó unos meses surrealistas, convocando ruedas de prensa en Génova para salvaguardar su parcelita de autonomía. Dio igual: lo echaron de allí también y lo mandaron a languidecer al Senado, bien lejos de los focos, donde según su propia definición está "aparcado apretando un botón". Ahí y en las tertulias políticas de segunda división, donde sigue siendo por cierto muy entretenido

Así cuando he leído lo de su cuenta suiza, no me ha quedado más remedio que declararme no asombrado en absoluto. No porque Francisco Granados sea exactamente el tipo de jeta simpático del que te lo puedes esperar, que lo es, sino porque hace veinte años que el olor a corrupción le rodea aunque como un Eduardo Zaplana cualquiera, haya tenido suerte. No había salido de Valdemoro cuando ya olía. Si me preguntan, yo tendría dos opciones para Paco Granados: que lo metan en la cárcel o que el PP de Madrid lo devuelva a primera línea. Con todo, se lo echa de menos.

viernes, 7 de febrero de 2014

Mejor llámate John Johnson

En este país hay casi 40 millones de hispanos, con su molesta costumbre de llevar los apellidos tanto de su padre como de su madre. Y además a casi todo el mundo le da por ponerse dos nombres. Y sin embargo, desde el punto de vista de las autoridades, más te vale tener un nombre sencillito como John Johnson, porque de lo contrario...

De lo contrario te pasará lo que me sucedió ayer en el templo supremo de la burocracia estadounidense, el Department of Motor Vehicles, en este caso de Nueva York. Ahí iba yo a por mi licencia con todos los papeles en regla y digamos que me llamo Pedro Pablo Hernández de Soto Fernández. Bien largo, sí, pero un nombre similar al que pueden tener otros muchos. El caso es que ahí estaba yo con el pasaporte que me acredita como "Pedro Pablo Hernández de Soto Fernández" y con mi tarjeta de la Social Security en la que, como no cabe entero, pone "Pedro Pablo Hernández de Soto". Error, grave error, porque en ambas no pone lo mismo.

Después de que semejante problemón le causara un cortocircuito a la primera funcionaria que me atendió, fui a dar con un supervisor que me vino a decir: "Muchacho, cambia de nombre". Resulta que es demasiado largo, así que si quiero que los trámites funcionen tengo que acortarlo de alguna manera que quepa en mi tarjeta de la Social Security y asegurarme de poner todas las facturas en la misma fórmula de 'mininombre' para que gente como él no se haga follones.

De modo que un país que es capaz de espiar los mensajes de facebook de medio mundo y saber en qué pantalla del Candy Crush estás atascado desde hace un mes, no puede entender que tu nombre no cabe en la cartulina estándar de una tarjeta de la Social Security. No está nada mal contando con que el primer occidental que puso un pie aquí se llamaba Juan Ponce de León y Figueroa... Mira a ver si ese te cabe.

martes, 28 de enero de 2014

Stephen Glass: el alto precio de inventarse las noticias

En una época remota en la que se hacia periodismo fuera de twitter, allá por 1998, Stephen Glass tenía veinticinco años y una nómina por encima de 100.000 dólares. Era el periodista de moda, escribiendo en las páginas de The New Republic las historias que todo el mundo quiere contar, esas que parecen increibles. El problema es que las suyas no eran increibles, eran falsas. Falsas de solemnidad, falsas de poca vergüenza, falsas al nivel de que un periodista de Forbes le descubrió porque escribió un artículo de sobre la relación entre un hacker y una empresa tecnológica inventándose a ambos. En el culmen de la zafiedad, elaboró una página web falsa para la empresa.

Por hacer la historia corta, The New Republic hizo lo que se hace por aquí se hace en estos casos: investigar una a una cada palabra que Glass había publicado en la revista. De 41 artículos, 27 contenían material que sólo había existido en la mente de la joven estrella del periodismo. Y Glass pasó de cien a cero, nunca mejor dicho, dándose cuenta de que nadie jamás le volvería a dar trabajo en una redacción. Exactamente como deben ser las cosas. Puede que la historia os resulte familiar porque tuvo hasta una versión cinematográfica que además fue bastante exitosa, mucho más que la crónica autobiográfica del propio Glass que con descaro tituló "El fabulador". 

Pero si hoy hablo de él es por todo lo que ha venido después y por la valiosa lección que nos enseña sobre este país. Quince años después de que el periodismo lo licenciara con deshonor, el crimen le persigue. Se ha graduado cum laude en Derecho por Georgetown y pese a eso no le dejan ejercer: ha aprobado el examen de los colegios de abogados de Nueva York y de California pero ambos se han negado a darle la licencia. Si era deshonesto con sus lectores, argumentan, cómo no pensar que puede serlo con sus clientes.

Todo esto en un país que es el reino de las segundas oportunidades; el mismo que eligió a George W. Bush sabiendo que había sido alcohólico, a Obama sabiendo que había esnifado cocaína y que todavía venera al presidente que ponía a las becarias de rodillas en el Despacho Oval. Pero incluso en este parque temático de la redención y el perdón, mentir desde la letra impresa de una revista es todavía un pecado demasiado grave como para levantarle a Glass la excomunión quince años después.

Da que pensar. En España sí he conocido periodistas que mentían; no hablo de quien adorna o retuerce la verdad, sino al menos un ejemplar execrable que se inventaba las noticias de principio a fin. Y de momento no ha perdido el trabajo, pero lleva una buena cruz porque en este mundo todos sabemos todo. Pero no lleva la cruz de Stephen Glass, que mañana tendrá que volver a su trabajo de asistente en un despacho de abogados de Los Ángeles porque cuando tenía veinte años se creía más listo que nadie. Probablemente se la merece. El español, digo.

martes, 21 de enero de 2014

En el mundo de Cayo Lara

Cayo Lara dice que no le gustan las primarias. No sorprende: a ningún jefazo de partido le gustan. La disidencia y la libre competencia tienen menos gracia cuando eres tú quien está en la cumbre de la pirámide. Y el voto secreto en urna tiene la particular manía de dejarse manipular mucho menos que el de congresos, ejecutivas, ponencias y demás mamoneos.

Pero el coordinador federal de Izquierda Unida no puede argumentar eso en público, ni tampoco ponerse a explicar que le da miedo hacer primarias abiertas y que se le cuelen a votar mil pijos de Nuevas Generaciones y le conviertan la coalición obrera en un anuncio de Loewe. Así que en lugar de explicar todo eso ha optado por algo más simple, más primario, más absurdo: las primarias son un "invento norteamericano". Y se ha quedado tan contento.

Y así todo queda dicho. Porque si son un invento norteamericano, qué más da todo lo demás. No pensemos más en ello porque si lleva la etiqueta "made in USA" ya podemos descartar el asunto de principio. Da miedo pensar en todas las cosas que en el mundo de Cayo Lara tenemos que perdernos: ni una mísera cocacola y desde luego jamás con Jack Daniel's. Ni una sola de las películas de El Padrino ni la inmensa mayoría de los medicamentos que han cambiado el mundo. Tampoco el baloncesto, creado en Massachusetts. Y nada de escuchar a Bob Dylan, que también es un invento del Gran Satán americano.

Por un ratito Don Cayo nos ha devuelto al simplismo bipolar de la Guerra Fría. Si es yanqui, es malo. Qué cómodo abdicar así de todo razonamiento y no pensar más en el tema.

Ay, si no fuera por estos momentos.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Mi carta a los Reyes

Queridos Reyes Magos,

Este año he sido... ni bueno ni malo. En fin, todo lo bueno que se puede ser siendo como soy un privilegiado en un mundo donde muchos no lo son y todo lo malo que se puede ser sin meterle el dedo en el ojo a nadie, al menos adrede, pero sin salirme mucho del camino para ayudar a los demás. Ni blanco ni negro.

Merezco poco más de lo que ya tengo, con buenas reservas de salud, amor y el dinero necesario para ir tirando. Para tirar mucho más lejos que la mayoría. Pero aún así, Majestades, pido:

Tráiganme por favor una casera que me ponga la calefacción cuando haga frío sin necesidad de pelear. También por favor, váyanme quitando a todos los políticos que nos toman por tontos, que son casi todos, ya que sus abusos me enfadan lo mismo que siempre pero sus eufemismos me tienen enfurecen cada día más. Y no le deseo mal a nadie, eso nunca, pero si le podéis traer un susto en forma de retraso menstrual de la amante a todos esos que defienden la reforma de la ley del aborto, pues ni tan mal.

Por favor tráenos periodismo del bueno, del que nos abre los ojos, para lo que necesitaremos empresarios valientes o anunciantes abundantes o lectores comprometidos: lo que os venga mejor. Y de paso llevaos a todos esos que siempre culpan a los curritos, como a los de Canal Nou o de Intereconomía, porque ya conocemos a esos repartidores de lecciones éticas: probablemente todos los lunes entran en el despacho de sus jefes a decirles todo lo que están haciendo mal y suelen negarse a trabajar y arriesgarse al despido en nombre de su ética. Aparentemente no tienen hipotecas.

Traedle un buen pescozón a esos que dicen que la política no va con ellos, que se ve que aún los hay. Libradnos por favor de todos los que creen que quien lo pasa mal es porque se lo merece y traednos paciencia para no liarnos a palos con ellos. Dadnos revolución de la buena. Apartadnos de los indiferentes pero también de los profundos, aquellos para los que cada minuto del día tiene que ser un puto drama en la vida de todo el mundo: podéis empezar por esos a los que se les abren las carnes por un puto anuncio de embutido o los que creen que eres un esclavo del sistema porque te gusta el fútbol. Dadnos un respiro por favor.


Me estoy pasando de pedigüeño, así que ya voy acabando. A ver si sus Majestades pueden traerle un viaje terapéutico a Estados Unidos a tanto antiamericano poco informado. Y a ver si podéis traer cordura a mucho americanófilo que parece que sólo quiere copiar las cosas malas. Por lo demás, este ha sido un año excelente así que me declaro satisfecho.