domingo, 15 de febrero de 2015

Sobredosis de inútiles

No sé si Tomás Gómez es un trincón, de lo que estoy seguro es de que es un inútil. Si hubiera un salón de la fama de los políticos inútiles, el retrato de Tomás Gómez estaría de los primeros y las camisetas con su cara serían las más vendidas de la tienda de souvenirs. Pero también es justo decir que Tomás Gómez, el inútil, era el líder más apropiado y más natural para un partido inútil. Un partido que en el salón de la fama de los partidos inútiles se sentaría a la derecha del PP andaluz y a la izquierda de los nacionalistas extremeños: el Partido Socialista de Madrid.

Sólo un partido que se encuentra feliz y satisfecho en la inutilidad, en el sueldecito público y la falta de responsabilidades, puede hacer las cosas que ha hecho el PSM. Da igual medida de su carácter el elegir y reelegir a un perdedor como Tomás Gómez, como el aceptar dócilmente que Pedro Sánchez borre de un plumazo a la dirección que habían elegido. La rebelión en el PSM para defender a Gómez ha durado minuto y medio, lo que ha tardado unos cuantos exalcaldes fracasados y opositores profesionales en darse cuenta de que para seguir chupando, no queda sino plegarse.

De tanto plegarse, ya tienen hecha la bisagra. Lo que pasa es que suelen doblar el espinazo ante el PP casi por deporte y lo de rendirse ante Ferraz es una categoría algo más novedosa. ¿Y habéis escuchado todas esas protestas de los barones socialistas de otras comunidades? Yo tampoco. Es otra parte del legado de la inutilidad de Tomás 'invictus' Gómez: no sólo ha aniquilado electoral y anímicamente al socialismo madrileño, sino que se las ha apañado para colocar a su partido en el lado malo de todas las guerras. No hay pelea interna del PSOE federal en la que Gómez no haya optado por el bando perdedor. Incluida la última. 

Como decía este fin de semana Jaime Treceño, a Pedro Sánchez nadie tiene que contarle estas miserias porque se las sabe todas. Su trayectoria en el PSM le ha hecho testigo de lujo de todos los desastres. Es difícil no reconocerle el acierto de quitarse de enmedio a Gómez, pero bienvenidos a esta nueva era en la que desde un sillón en Ferraz se puede descabezar a cualquier federación socialista sin más explicación que un cálculo electoral. 

Nos quedamos más tranquilos al saber que el socialismo madrileño queda en las hábiles manos de una gestora encabezada por Rafael Simancas con la ayuda de todos los enemigos de Gómez que quedaban disponibles. O en las de un exministro que ni siquiera es militante. O en las de Carmona que, un días después de ver apuñalado al hombre al que le debe todo, ya se está postulando para sucederle

Como de costumbre, el panorama del socialismo madrileño luce prometedor.




domingo, 8 de febrero de 2015

La caída del hombre que inspiró a Will McAvoy

¿Quién no lo ha hecho? Esa anécdota tan buena que después de repetirla mil veces ya no es del amigo de un amigo, sino que prácticamente estabas allí. Y si de verdad estabas allí, ya no era el amigo de un amigo sino que eras tú en persona. Pero lo que pasa es que la anécdota en cuestión no es esa vez que te encontraste (o un amigo) a Leonardo Dantés en una piscina pública, sino aquella vez que dispararon a tu helicóptero (el de al lado) cuando sobrevolabas Irak.

El problema, también, es que el autor de la mentira no eres tú en la barra de un bar sino Brian Williams ante millones de espectadores. Y estaremos de acuerdo en que encontrarte a Leonardo Dantés en una piscina pública es impactante y difícil de olvidar, pero mucho más impactante debe ser que te ataquen con un lanzagranadas sobrevolando territorio de combate.

Lo de Brian Williams contando la historia falsa pero no tan falsa es muy humano. Lo digo porque la primera vez que contó lo del helicóptero lo hizo con la verdad, diciendo que tuvieron que aterrizar porque al helicóptero de al lado le impactó una granada. Fue con el tiempo que embelleció la cosa para llevar la granada a su helicóptero. Viste más pero claro, a qué precio.

El precio lo empiezas a pagar cuando un exmilitar llega al Facebook y comenta en el vídeo de tu mentira "Perdona tío, pero no recuerdo que fueras en mi aparato. Lo que sí recuerdo es cómo te acercaste una hora después de que aterrizaramos a preguntarme qué había pasado". Vaya. Y tú lo reconoces rápidamente y pides disculpas por un error que, dices, no fue intencionado. Pero ya es tarde porque en los grandes medios de Estados Unidos, y esto les honra, la mentira con mayúsculas sigue siendo mortal. Mortal de perder el trabajo y mucho más, como ya contamos por aquí. En el caso de Williams, mortal de que hoy tienes una audiencia diaria de nueve millones de personas y mañana tienes que marcharte a casa "durante los próximos días" pero sin saber si volverás.

Toda una condena para el persona que inspiró al menos un poco el personaje de Will McAvoy en The Newsroom. No el guerrero de la ética periodística de las últimas temporadas, sino el de los dos primeros capítulos. El presentador que no se mete en problemas y cuyo principal valor es precisamente eso, caer bien y no irritar mucho. Una cualidad que vale, o más bien valía, un sueldo de diez millones al año. Fíjate si te puede salir caro hacerte el guay poniéndole pimienta a una anécdota... en la televisión nacional.

viernes, 6 de febrero de 2015

Lo que debería enfadarnos de Podemos (y de los demás)

El primer problema de la política española no es la corrupción, es la mentira. De ahí viene todo lo demás. No hablo de la mentira circunstancial, de la trola diaria para salir del paso, sino de la mentira fundamental. Ese travestismo les provoca en un agudo complejo de partido único. El grave trastorno que ha llevado a Cospedal a decir que el PP es el partido de los trabajadores, a Zapatero a declarar que bajar impuestos es de izquierdas y a Rosa Díez, en el colmo de la hipérbole, a asegurar que los españoles son de UPyD... lo que pasa es que no lo saben.

El problema es que esta idiotez no conoce de casta y el nuevo chico del barrio también quiere ser lo que los americanos llaman un "one size fits all", una talla que sirva para todo el mundo. Unos zapatos que le valgan al que usa mocasines del 44 y a la que se pone tacones del 35. Nos venden que eso es posible y como resulta que no, que no es posible, pues entonces hay que mentir. Mentir a boca llena.  Así es como uno acaba diciendo esas chorradas de la centralidad del tablero aunque haya sido marxista hasta anteayer y haya estado metido en esas cosas del materialismo dialéctico y la plusvalía hasta la coleta. Un absurdo.

Esta desnaturalización es ofensiva y peligrosa para el votante. No ya porque le estén tomando a uno por tonto, que también, sino porque esta esquizofrenia tiene sus consecuencias. Acaban los izquierdosos socialistas indultando banqueros y los liberales populares regalando dinero público a las empresas privadas. El personal se despista, claro, porque su gobierno de derechas igual le sube los impuestos que le encarcela manifestantes. Y cuando gobierna la llamada izquierda lo mismo le da por regalarle 3.000 millones al cártel de las eléctricas que te hace de una vez una ley de dependencia como Dios manda.

En lugar de aprender de todo esto, Podemos ha redoblado. Su travestismo me indigna casi tanto como las cuentas de Monedero y sustancialmente más que la beca de Errejón. Me enferma por lo burdo del montaje: nos quieren contar que están a cien kilómetros de dónde andaban hace sólo un año pero encima defienden que siguen en el mismo sitio. Un giro copernicano sin giro que aparentemente los  ha llevado de ondear la bandera roja al centro del tablero pero sin moverse ni un centímetro. Y lo peor es que ha sucedido en mucho menos tiempo del que llevó a Jiménez Losantos y Pío Moa de la militancia comunista al cielo liberal de la derecha.

Ser de izquierdas no es malo, ser de derechas tampoco. El gobierno tiene que gobernar por el bien de todos pero lo menos que se le puede exigir a los políticos es la honradez de no ocultar lo que son. O si lo ocultan, que sea con un subterfugio enrevesado y muy inteligente pero que no nos insulten, porque ser un entusiasta de cualquier partido cada día requiere más fe.  Hasta que los políticos no nos respeten los suficiente como para no tratarnos como a idiotas, esto tiene mal arreglo.

martes, 3 de febrero de 2015

Viaje a las dos Américas

Todavía no he encontrado un mal momento para ir a Estados Unidos, así que allí estuve la semana pasada echándole un ojo a mi otro país. Un país de contrastes.

Empecé el recorrido a las afueras de Washington DC, en eso que los americanos llaman 'suburbs' pero que tienen poco que ver con lo que nosotros llamamos suburbios. Imaginad calles limpias y césped arreglado al milímetro; puertas que nunca se cierran con llave y familias, muchas familias. Muchísimas familias blancas.

Pero en Maryland hasta los ricos son demócratas. En el condado de Montgomery, donde estaba, Obama le sacó a Romney más de 40 puntos de ventaja. En un lugar donde la familia típica gana casi el doble que la familia típica estadounidense, la gente vota abrumadoramente a favor de pagar más impuestos para mantener mejores servicios públicos. Los republicanos no se lo explican.

La siguiente parada era Florida, el 'swing state' por excelencia siempre alternando entre republicanos y demócratas. Fue un placer pasar de la nieve al "invierno" de 26º a pleno sol; sobre todo mientras FOX News, la cadena de noticias más vista del país, salía a la calle a preguntarle a la gente si seguía "creyendo" en el calentamiento global a pesar de las nevadas. El sur de Florida es políticamente particular: cubanos fervientemente anticomunistas que votan republicano y ancianos judíos millonarios que siempre estarán con los demócratas.

Pero más allá de South Beach o de la Little Havana, a casi cuatro horas de carretera sobre los Cayos, está Key West. Un paraíso turístico lleno de cincuentones blancos bebiendo como si fueran los sanfermines, y comportándose también como si fueran los sanfermines. Tal vez sea por el tiempo que Hemingway pasó entre ellos. Y en el mismo estado en el que de cada cuatro habitantes uno es hispano, la gente pasea con camisetas que dicen "¿Por qué demonios tengo que pulsar uno para que me atiendan en inglés?" o que sobre un mapa del país blanco escriben "Estamos completos, jodéos". Como digo, un país de contrastes.