miércoles, 30 de abril de 2014

¿Había que sancionar al propietario racista de los Clippers?

Donald Sterling es un racista repugnante, eso está fuera de toda duda. No ya por decirle a su amante eso de "no traigas negros a mis partidos", sino por su largo historial de discriminar a sus inquilinos afroamericanos e hispanos. Y desde luego que cuando tantas estrellas de la NBA dicen que en la liga "no hay sitio para gente así" tienen toda la razón. Así que no voy a llorar porque le hayan sancionado de por vida, ni porque le vayan a obligar a vender el equipo y desde luego no por una multa de dos millones y medio de dólares que para él no es dinero. Sin embargo, en todo esto hay algo que me inquieta profundamente.

Sterling estaba manteniendo una conversación privada por teléfono y es por esa conversación que ha sido sancionado y expulsado de la liga. Kobe Bryant fue multado con $100.000 por lanzarle un "insulto homófobo" a un árbitro, pero eso fue dentro de la cancha, y Ron Artest le sancionaron con 86 partidos pero fue por agredir a un espectador, también durante un partido. Este tipo estaba hablando por teléfono con su 'amiga'  y por muy poca simpatía que le tenga, no sé si me quedo tranquilo en un mundo donde cualquiera puede grabarte una conversación privada y hacer que te echen de tu trabajo y te pongan una multa millonaria.

Entendería que nadie quisiera sentarse con él en un palco, que ningún jugador aceptara ni acercarse a él y que todos los patrocinadores de los Clippers lo abandonaran para forzar su salida. Me gustaría que los restaurantes le cancelaran la reservas y que jamás le volvieran a invitar a una fiesta en Hollywood. Me encantaría que pasara tanta vergüenza que se fuera a vivir al desierto de Nevada un par de años pero no me alegra nada esta constatación de que no tenemos ya intimidad ninguna. 

Esto que para mí es preocupante no parece que le moleste a nadie más y es fácil comprender por qué: nadie quiere simpatizar con un imbécil de este calibre, menos todavía en un país con una historia de discriminación de la cual aún se están escribiendo los últimos capítulos. Todos celebran la decisión del nuevo jefe de la NBA Adam Silver, que tiene plenos poderes para parar fichajes, dejar a un equipo que se cambie de ciudad o sancionar lo que quiera sancionar y perdonar lo que desee perdonar. Tal vez es el único modo de que la mejor liga del mundo funcione como un reloj suizo, que lo hace, pero el episodio que tiene por víctima a este snob racista deleznable deja también un cierto aire a 'Gran Hermano'. Enterrado Sterling en vida, tal vez es hora de que alguien se pregunte cómo y por qué sale esa conversación a la luz y hasta qué punto puedes estar tranquilo al teléfono.

lunes, 28 de abril de 2014

Del FBI al Congreso, del Congreso a la cárcel

Michael Grimm, congresista republicano por Nueva York, saltó a la fama desde un balcón. Desde un balcón del Congreso, en concreto. Un periodista de la cadena local NY1 lo entrevistaba sobre el discurso que Obama acababa de pronunciar y antes de concluir le preguntó por una investigación que estaban realizando sobre la financiación de su campaña de 2010. La reacción de Grimm no tiene precio: se niega a responder, sale de plano y unos segundos después regresa para zarandear al reportero y regalarle los oídos con lo siguiente: "Permíteme ser claro, si vuelves a hacerme eso alguna vez te tiro de este puto balcón (...) No eres lo suficientemente hombre. Te partiré por la mitad como un niño". Puro cowboy, muy propio de la imagen cultivada de machote que ha sido su marca electoral.

Pero amenazar de muerte a un periodista, parece ser, no tiene mucha importancia. El congresista se disculpó, el reportero olvidó y sus votantes... bueno, sus votantes aplaudieron. Las encuestas en su distrito decían que el demencial episodio del balcón lo había hecho más popular. Grimm representa en el Congreso a una pequeña parte de Brooklyn y fundamentalmente a Staten Island, una isla que tiene tres veces el tamaño de Manahattan y un tercio de su población y que es uno de los cinco 'boroughs' de la ciudad de Nueva York. Eso además de algo así como un 'espacio protegido' para los conservadores; en una ciudad donde hay seis demócratas por cada republicano, Staten Island es lo más parecido a su bastión. Algo tiene también que ver que en Nueva York los blancos no hispanos representan un 33% de la población y el Staten Island un 65%.

Grimm lo tenía todo para ser una estrella republicana: un repeinado exagente del FBI que se había infiltrado en la mafia y había luchado contra el crimen de guante blanco. Sobre el papel todo bonito, si excluyes algún episodio previo de exceso de testosterona como esa vez que sacó el arma en un club nocturno. Aún así nada que preocupara a los votantes de Staten Island que lo han votado ya dos veces.

No les preocupaba, supongo, hasta ahora. Hoy el congresista Grimm, el exagente Grimm, ha sido detenido por sus excompañeros después de una investigación de más de dos años. Parece que en el negocio que montó entre el FBI y el Congreso se saltó todas las normas posibles: ha sido formalmente acusado de veinte delitos federales incluyendo diversas instancias de fraude y delito fiscal. Los mismos republicanos que se rieron de su episodio con el periodista y daban por segura su reelección, buscan a toda prisa un reemplazo. Es la historia perfecta del cazador cazado y la rueda de prensa de los investigadores ya ha dejado una frase que a la fuerza tiene que acabar en una película: "como exagente del FBI, el congresista Grimm debería comprender nuestro lema de 'fidelidad, valor e integridad' (...) pero él vivía con otro lema: fraude, perjurio y obstrucción a la justicia".

viernes, 18 de abril de 2014

Washington ens roba: los mil amigos de Cliven Bundy

El adolescente desequilibrado que entra a tiros en su instituto me da mucho miedo. Como a cualquier europeo, me resulta complicado entender un lugar en el mundo donde si quieres un arma, la tienes. Pero sin embargo hay alguien que me da más miedo. Su nombre es Cliven Bundy y vive en su rancho de Bunkerville, Nevada. No lo imaginéis en el fin del mundo, porque está a una hora y pico en autovía de Las Vegas.

Pues el caso es que el ganado del señor Bundy pace en tierras propiedad del gobierno federal y por tanto debiera pagar la tasa correspondiente, pero Cliven anda peleado con la administración. A principios de los 90 le obligaron a reducir el número de reses que alimentaba allí para proteger el hábitat de no sé qué tortuga de tierra. Una gilipollez, probablemente, pero ese fue el día que Cliven se declaró en rebeldía y decidió que no reconocía ya más la propiedad de esas tierras y que iba a poner a comer a su ganado donde mejor le conviniera. Puro far west.

La cosa no tendría mayor importancia de no ser porque veinte años después, a la administración se le han hinchado las narices y ha decidido arramplar con las vacas. Y de esto que se presentan allí doce agentes del Bureau of Land Management decididos a incautar reses por valor del más de un millón de dólares que ya debe, pero entonces se encuentran con que Cliven ha llamado a mil amigos. Mil amigos que comparten su credo de 'Washington ens roba'. Mil amigos que llevan pistolas, subfusiles, ametralladoras y chalecos antibalas.

Y no se dispara un solo tiro, ojo. Los funcionarios son gente con buen criterio que procede a salir de allí con la mayor dignidad posible, que es bien poca, mientras ídolos mediáticos de la derecha y unos cuantos políticos de tercera jalean a los... no sé muy bien cómo llamarlos, ¿milicianos? Y tú dirás, a lo mejor, que en qué se diferencia esto de cualquier otro acto de resistencia civil contra una decisión administrativa que consideras injusta. Bueno, pues ya he dicho en lo que se diferencia: en las pistolas, subfusiles, ametralladoras y chalecos antibalas.

De momento ahí sigue Cliven Bundy, con sus rebaños pastando donde le sale de los huevos, pero mayormente por encima de la ley. A mí me da un miedo terrible.