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miércoles, 6 de agosto de 2014

Adiós, Nueva York

Discúlpame, Nueva York, por irme casi sin despedirme. No creas que es por desapego, porque ya te echo de menos. A las cuatro de la mañana de la primera noche del regreso, con el jet lag dispuesto a no dejarme pegar ojo, voy a enmendar el error y a despedirme como te mereces. A poner por escrito lo que ha sido este año de americanear: de vivir y también de sobrevivir, de aprender, de mantener los ojos bien abiertos y sorprenderme sin parar. Gracias por todo.

Me hace gracia recordar todos los años en que no quería otra cosa que vivir en Nueva York. Un poco obsesivo, incluso, buscando cómo sin parar. Y eso que en realidad no te conocía: tenía como tantos otros las postales, las fotos, las citas obligadas... Pero no había pasado esa barrera que te sacude entorno al primer mes, cuando bajas la mirada de las cumbres de los edificios y pasas a fijarte en la gente que puebla las aceras. Todos los que como tú no querían otra cosa que vivir en Nueva York y se parten todos los días la cara para no salirse del mapa.

No me entiendas mal, no. Vivir aquí es lo más grande. Lo único es que no lo pones fácil con tus ritmos y tus precios y tus tormentas de nieve y tus funcionarios bordes y tus sirenas que suenan más alto que en cualquier otro lugar del mundo. Pero qué más da, digo yo, porque eres como la chica más guapa del colegio, la que se puede permitir poner todas las trabas del mundo porque su legión de seguidores no repara en obstáculos. La han visto de lejos y eso basta, y por eso todos seguimos toda la vida un poco enamorados de ti aunque de vez en cuando refunfuñemos.

Así son las cosas. Casi todos los españoles de Nueva York saben ya que la frase "En España se vive mejor" no es un tópico sino una verdad científica, enunciada por Mario Saavedra y Antonio Muñoz Molina entre otros célebres exresidentes. Y no por eso nos gustas menos. No hay nadie que no sepa que eres un gran sitio para vivir bien, tal vez el mejor. También que en ti hay mucho malvivir. Pero todos estamos dispuestos a darte otra oportunidad. A la que nos guiñas un ojo, nos vuelves a robar el corazón. Es una cursilada pero como decían "quien lo vivió, lo sabe".

¿Quién nos puede quitar el orgullo de haberte conocido de verdad? De haberte vivido y sobrevivido. De haberte disfrutado. Gracias por cambiarme la vida. Gracias por todo lo aprendido. Gracias por los buenos amigos de este año. No te confíes, que volveré.

Once a New Yorker, always a New Yorker. 

PD. Por aquí seguiré americaneando en la distancia. Gracias a todos los que me leéis y de verdad que espero que lo sigáis haciendo.

domingo, 3 de agosto de 2014

Cosas que hacer en Queens

Los turistas entran a Nueva York por Queens y se van por Queens. No les queda más remedio porque los dos aeropuertos de la ciudad están aquí pero si no fuera por eso, ni lo pisarían. La culpa la tienen los escritores de guías turísticas, que ya están cansados después de escribir todo Manhattan y no le dedican a veces ni una palabra. Brooklyn sale algo mejor parado con sus hipsters y sus judíos hasídicos; hasta el Bronx suele recibir una mención por el zoo o al menos para decirle a la gente 'manténgase alejado'... pero al este del East River y al norte Newtown Creek se diría que hay un vacío.

Queens paga el precio por ser un lugar donde la gente vive, donde la gente normal vive. Pero para que no cometáis el error de los aburridos escritores de guías turísticas, os voy a decir unas cuantas cosas que os encantará hacer en Queens:

- Astoria
Qué no decir de mi barrio y sobre todo de su verano. Cogiendo la línea NQ podéis llegar al Bohemian Halll, un 'jardín de la cerveza' fundado hace un siglo por inmigrantes checoslovacos donde se puede comer y beber al aire libre, escuchar música en directo y estar fenomenalmente bien. Se come y se bebe muy bien también por 30 Avenue o Broadway al norte de esa línea. Hay que ver obligatoriamente también Astoria Park, bajo los puentes de Hell Gate y RFK. Además de la piscina de verano, tiene grandes vistas del norte de Manhattan enmarcado entre los dos puentes. Si entra hambre otra vez, un paseo por Ditmars Avenue para entrar en alguno de los magníficos restaurantes griegos donde se sirve el mejor pescado 'a la mediterránea' de la ciudad. Para nostálgicos, está la Casa de Galicia en 31st Avenue aunque últimamente se están poniendo exquisitos para dejar entrar a los que no son socios; mejor entonces el CírculoEespañol en Broadway, al que se puede llegar fácilmente desde el metro Steinway. 


- Long Island City
El barrio de moda, sin duda. Desde las fiestas y el arte moderno del Moma PS.1 a las mejores vistas al atardecer en el Gantry Plaza State Park: hay que sentarse tranquilamente en las tumbonas de madera o hacer un picnic en el césped mientras se encienden las luces del Empire State, la ONU, la Liberty Tower o el puente de Queensboro. Para ver bien Manhattan hay que irse de Manhattany en ningún sitio mejor que aquí... Después se puede ir (mejor en taxi, si es de noche) a cenar un sushi buenísimo y tomar una copa en la azotea del hotel Ravel: caro, pero bueno.
 
- Flushing
Al final del verano, Corona Park se convierte en el centro del mundo durante el US Open pero el barrio tiene mucho más: junto al bonito parque donde se celebró la feria mundial está el estadio de los Mets, el equipo de baseball de Queens que tiene la fama de simpático perdedor frente a los poderosos yankees. Unas entradas baratas son un plan fenomenal. Al final de la línea 7 además, está el barrio de Flushing con su inmensa comunidad asiática. Mis compañeras coreanas de la ONU dicen que es lo más parecido que conocen a estar de vuelta en Seúl: para comer y para comprar.

- The Rockaways
Desde la playa abierta de arena blanca de Fort Tilden, se puede ir caminando por el borde del Atlántico observando las magníficas mansiones y el resto de playas de las Rockaways. La zona quedó destrozada por el huracán Sandy pero ahora da gusta verla. Es tan tranquilo y playero que resulta imposible creer que es Nueva York.

domingo, 27 de julio de 2014

Conclusiones precipitadas sobre los canadienses

La primera impresión de un país, casi siempre, te la da un policía aduanero. Es una enorme responsabilidad que muchos de estos agentes no advierten o no toman en serio. Mi primera experiencia personal en EEUU en 2006 fue una larguísima cola y un desagradable intercambio con un agente Asiáticoamericano de muy mal carácter que me mandó a la inspección secundaria. Ahí debió empezar mi temerosa relación con los agentes de la ley de este país, que todavía me dan un poco de miedo por razones que, admito, tienen más que ver con las películas que con la realidad.

Por eso cuando esta semana entré en Canada iba ya preparado para el habitual espectáculo de docilidad, tartamudeo y sordera que suelo protagonizar en estos casos. Pero cuando llegamos a Toronto no esperamos ni cinco minutos y pasamos a ver a una agente sonriente que tras tres simples preguntas nos dio la bienvenida y nos dejó continuar. Parece que este nombre de señor de la droga colombiano que tengo y que preocupa tanto en el aeropuerto JFK de Nueva York no levanta las sospechas canadienses.

Íbamos muy extrañados ante semejante falta de estrés cuando vimos que llegaba el autobús que nos tenía que llevar a la ciudad. Echamos a correr mientras el conductor nos esperaba pacientemente y sólo cuando subimos nos dimos cuenta de que no llevábamos cambio exacto. De nuevo a riesgo de generalizar, diré que teníamos en mente a los conductores de autobuses de Nueva York y su carácter forjado a través de décadas de atascos en Manhattan... por eso nos sorprendió que el tipo, sonriente de nuevo, nos invitara a pasar y nos pidiera que le prometiéramos que si usábamos de nuevo el autobús pagaríamos dos veces. No dábamos crédito.

Nuestra cortísima experiencia con los canadienses es esa, la de gente sonriente y extremadamente educada. Las cifras van mucho más allá: hablan de un país riquísimo pero en el que el dinero está mejor repartido, de unos servicios públicos fuertes y de un pasado de acogida al inmigrante tan amplio como el de EEUU, pero más caritativo a día de hoy. Y por supuesto, retratan a una sociedad en la que también gustan mucho las armas pero cuya cifra de muertes por tiroteo es una anécdota, sobre todo comparada con la del vecino del sur.

Y además de todo esto, dirían muchos estadounidenses, son aburridos. Y les gusta mucho el hockey y el socialismo. Y celebran Acción de Gracias en un día diferente. Es difícil juzgar en tan poco tiempo, pero yo los encontré desde luego más sosegados. También me pareció que el nivel de vida era generalmente alto y el ritmo de vida, bajo. También hacía más frío, como manda el tópico. Y su vista de las cataratas del Niágara es mucho mejor, eso es indiscutible.

jueves, 17 de julio de 2014

Los inmigrantes ilegales de Nueva York: también los españoles

No voy a hablar de José Antonio Vargas, el periodista detenido y liberado esta semana por el hecho de ser un filipino que llegó a Estados Unidos con 12 años y se quedó, ilegalmente, a ir a la universidad para hacerse periodista y ganar un Pulitzer. No, no lo haré porque no lo conozco, pero sí que voy a hablar de los muchísimos inmigrantes ilegales que he conocido aquí.

La mayoría son exactamente como te los imaginas y tienen nombres, ya ves, que se parecen mucho a los nuestros. Son esos que están detrás del mostrador en casi cualquier comercio y que hacen por tanto que un español se sienta en casa en casi cualquier sitio de por aquí. Los Migueles, Juanes y Marías sin los que esta ciudad inmensa no funcionaría diez minutos, porque no habría quien preparara los bagels de desayuno o vaciara las papeleras de las oficinas. No por nada veo cada día carteles de "Se solicita lavaplatos" y siempre están escritos tal cual, sólamente en español.

No lo digo yo, cuidado, lo dicen también los republicanos. El jefe de campaña de uno de los golfos favoritos de este blog, el congresista imputado Michael Grimm, ni siquiera se molesta en negar las acusaciones de que su jefe tenía empleados a inmigrantes ilegales en su negocio: "dime un empresario de Manhattan que no lo haga", dice. Y se queda tan tranquilo, porque además es verdad. La verdad que todo el mundo sabe, incluidos los votantes.

Lo que parecemos no pensar es que también lo saben en San Pedro Sula, Honduras. Y también en Michoacán y en Guinea Conakry y en Bangladesh. Son cosas que "se saben": en todo el mundo "se sabe" que aquí hay trabajo para quién lo quiera y que se vive mejor que en esos sitios. Y que no tener papeles es problema para entrar y para salir, pero no para estar y trabajar. Y también que hay un sitio en Queens que "se sabe", que todo el mundo sabe, que por un módico precio te dan una tarjeta de la seguridad social falsa. Una tarjeta que no da derecho a nada salvo a pagar impuestos, pero que algo es.

Pero lo que mejor "se sabe" es que da igual lo alta que sea la valla. Mientras de un lado del muro la vida sea tan diferente a la del otro ya podemos gastar millonadas en alambradas y hasta fosos con cocodrilos que no va a importar, sea en el paso de Nogales en Arizona o en el del Tarajal en Ceuta: el hambre es lista y siempre encuentra otro lugar. Al que estuvo dispuesto a cruzar el Sáhara o a vérselas con los cárteles mejicanos, una vida de lavaplatos y la difusa amenaza de una improbable deportación no le puede dar más igual. Y la valla, en cuanto que último obstáculo, más todavía.

Tal vez lo que no "se sabe" igual de bien es que en esa comunidad inmensa y escondida hay muchísimos españoles. Los que se apuntan a una academia oscura para poder entrar a servir copas con visado de estudiante y los que no pueden volar a casa porque saben que no entrarán otra vez. Los que se van a Canadá cada tres meses y cruzan las cataratas el Niágara para volver a entrar de turistas, esperando que el agente vea un pasaporte de la UE y no haga muchas preguntas. Los multilicenciados trabajando de cualquier cosa que dicen "total, ¿qué es lo peor que puede pasar?, ¿que me deporten?" Pues sí, yo que soy un afortunado que está aquí legalmente, y he conocido ya unos cuantos.


domingo, 6 de julio de 2014

Que no te engañen, en EEUU sigue sin gustar nuestro fútbol

A finales del verano de 2006, una multitud de 100.000 personas se reunió en la Plaza de Castilla de Madrid para recibir a la campeona del mundo de baloncesto, fue cuando Pepu Hernández dijo aquello de "Os voy a decir una palabra. Y escuchadla bien, porque va a ser una palabra muy importante: ba-lon-ces-to". La final había alcanzado un 47% de share. Este año el último partido de la final de la ACB apenas llegó al 10%, mientras que la final de la copa del Rey de fútbol estuvo por encima del 60%.

Al público español le interesa mucho España pero poco el baloncesto, al igual que al público estadounidense le interesa su equipo pero poco el fútbol en general. Y los mismos que se equivocaban al augurar una nueva edad de oro para el basket son los que creen ahora que por fin nuestro fútbol ha arraigado en EE.UU. Ni había tanto ba-lon-ces-to ni desde luego se ve por aquí  mucho so-ccer.

Ha habido entusiasmo por el mundial. Los bares de Nueva York se han llenado y abundaban las camisetas pero, ¿qué hay de verdad ahí detrás? Los hispanos lo adoran, desde luego, y al resto les ha parecido entretenido en esta época veraniega en la que ya han terminado el baloncesto, el hockey y el fútbol americano mientras que el baseball todavía está empezando. En el partido clave donde el equipo estadounidense fue eliminado por Bélgica la audiencia no llegó al 10%, tres veces menos de la que, por ejemplo, tiene en España una final de Champions cuando no juega ningún equipo español.

El soccer, sobre todo en la Costa Este, va dejando de ser un deporte al que sólo juegan chicas y tal vez la MSL vaya atrayendo más gente, lo que no es difícil dado la final más vista de su historia tuvo un 1,7% de audiencia y no ha vuelto a lograrlo en los últimos 17 años. De ahí a hablar de una ola de "futbolitis" arrasando el país creo que hay un trecho. A los españoles les encanta ver a Nadal llorar escuchando el himno en París, pero eso no significa que les guste el tenis. No engañemos al personal.

viernes, 30 de mayo de 2014

La guerra de los caballos en Nueva York

A mí no me gustan nada los carruajes de caballos. Y lo digo por experiencia, ojo. Casi cada día del último año he recorrido el extremo sur de Central Park siguiendo la calle 60, donde los cocheros esperan a la caza de turistas. Eso quiere decir que durante todo un año, el olor a boñiga caballar me ha estropeado una buena vista del parque y sólo por eso yo ya los estaría prohibiendo; pero es que yo soy un poco extremista y por cosas como esta no me eligen alcalde de Nueva York. En vez de eso han escogido a Bill de Blasio que los va a prohibir igual, pero por diferentes motivos.

El motivo principal, diríamos, es complacer a los animalistas que rechazan la esclavitud de los caballos. Estos son los mismos que los del PACMA en España, gente que está un poco 'pallá' con el tema del amor perruno, felino, a las ballenas y equinos y al resto de criaturas. Lo que pasa es que aquí son más, o al menos tienen mucho más dinero y hacen más ruido. O a lo mejor de verdad hay otra sensibilidad general que viene de todos los años que hace que el americano medio no tiene "animales" pero sí que tiene "mascotas". Porque el americano medio no vive en el campo, vive en una ciudad o sus alrededores con un gato persa y un beagle.

El caso es que especialemente aquí, en esta capital vegana de América donde cada vez se comen menos cheeseburgers y más tofú orgánico de Whole Foods, los animalistas se movilizaron. Metieron mucho dinero en la campaña del ahora alcalde y se dedicaron a machacar sin piedad a su máxima rival; todo por el asunto este de los carruajes malolientes de Central Park, que ya son ganas de condenarte por una cosa así, que le hacían escraches a la puerta de su casa diariamente.

Y el alcalde de Blasio ha ganado y ahora, claro está, le toca cumplir. Le toca cumplir aunque tres de cada cuatro votante no quieran y aunque el tabloide más izquierdista de la ciudad, el Daily News, haya montado una campaña en contra. Va a tener que pasar por encima de los cocheros que se quedan en la calle, figurativamente, e inventarse una nueva chorrada para que los turistas gasten en el parque. No creo que recule, aunque últimamente haya dicho que prioridad, prioridad, tampoco es.

Y tal vez sea un error porque estas preocupaciones de pijos, y que me disculpen los animalistas, no resuenan tanto cuando uno sale de Manhattan y va a la ciudad donde no hay muchos veganos que compren en Whole Foods. En las últimas elecciones, el brooklinita de Blasio se declaró el candidato de esa Nueva York olvidada a la que esto le importa poco y que simpatiza más con el chófer que va a quedar desempleado que con el caballo que tira del carro.

Así que yo me voy a ponerme también de su lado, a pesar de los malos olores. Aunque sólo sea porque soy de esa opinión rancia de que los animales no son personas y porque no me parece que a un caballo le denigre lo más mínimo tirar de un carro. Y también por ver si así le damos un poco de vuelta a la corriente, si ponemos un palo en las ruedas a tanto amor animal que hace que las grandes teles de por aquí ignoren muchas miserias humanas a cambio de un vídeo de quince segundos con la última monería que hace una mascota. Se empieza por pequeños gestos.

viernes, 23 de mayo de 2014

Veteranos de guerra

Estados Unidos es un país que sabe honrar a sus héroes, al menos en lo que a la retórica se refiere. Aplauden a los soldados de uniforme en el descanso de los partidos y los paran por la calle para estrecharles la mano y decirles: "thanks for your service". El próximo lunes es Memorial Day y el país se volcará en pequeños gestos como este.

No lo digo con la sorna que lo suelen decir los españoles. Este reconocimiento social me parece lo menos que puede hacer un país por quien va donde le dicen y cuando le dicen, sin rechistar, a hacer lo que nadie más quiere hacer. Una cultura ciudadana de gratitud que es envidiable aunque a veces se quede en la fachada. Incluso aunque no llegue a los muchos mendigos son o se publicitan como veteranos de guerra. Incluso aunque incluya mucho epitafio a los muertos y poca atención a los vivos.

El culto al heroísmo tiene en Washington su ciudad santa. La capital es un enorme mausoleo lleno de memoriales de guerra y homenajes a héroes muertos. Una parque temático del llamado ‘excepcionalismo americano’, la perfecta visita de fin de semana que deja obnubilados a los pueblerinos, deslumbrados con el fulgor del poder estadounidense y con su mitología escrita en mármol.

Pasan por la capital el tiempo justo para admirar mucho e indagar poco y se marchan imbuidos del sentido de pertenencia que ha mantenido a este país unido a pesar de todos los pesares durante dos siglos y medio. Pero antes, desde luego, cruzan el Potomac para visitar el mármol de mármoles; el verdadero templo de la muerte y del heroísmo, de los mejores valores estadounidenses y del heroísmo que sustenta la leyenda.

Bajo las verdes colinas de Arlington, 400.000 soldados estadounidenses descansan. De la guerra civil hasta la de Irak, su presencia lo llena todo. En su mayoría se trata de filas y filas de simples lápidas blancas que crecen a razón de 30 por día. Un silencio respetuoso lo llena todo, dándote cierta paz al principio y hundiéndote en un opresivo luto después de ver las cien primeras tumbas. Todo es tan solemne que es un milagro que el soldado que desfila una y otra y otra vez ante la tumba de los soldados desconocidos no se vuelva loco.

Como Arlington, hay 131 de estos cementerios repartidos por el país, limpios y cuidados, solemnes y austeros. El país pasa con nota en su trato a sus muertos, no tanto así a sus vivos: esta semana los estadounidenses andan revueltos con las últimas revelaciones de los hospitales de veteranos, cuyas listas de espera harían estremecerse a cualquier paciente del 12 de Octubre. Más de uno se ha muerto esperando entre la palmada en la espalda y el mármol. Sobrevivir para esto, supongo que dirán.


miércoles, 30 de abril de 2014

¿Había que sancionar al propietario racista de los Clippers?

Donald Sterling es un racista repugnante, eso está fuera de toda duda. No ya por decirle a su amante eso de "no traigas negros a mis partidos", sino por su largo historial de discriminar a sus inquilinos afroamericanos e hispanos. Y desde luego que cuando tantas estrellas de la NBA dicen que en la liga "no hay sitio para gente así" tienen toda la razón. Así que no voy a llorar porque le hayan sancionado de por vida, ni porque le vayan a obligar a vender el equipo y desde luego no por una multa de dos millones y medio de dólares que para él no es dinero. Sin embargo, en todo esto hay algo que me inquieta profundamente.

Sterling estaba manteniendo una conversación privada por teléfono y es por esa conversación que ha sido sancionado y expulsado de la liga. Kobe Bryant fue multado con $100.000 por lanzarle un "insulto homófobo" a un árbitro, pero eso fue dentro de la cancha, y Ron Artest le sancionaron con 86 partidos pero fue por agredir a un espectador, también durante un partido. Este tipo estaba hablando por teléfono con su 'amiga'  y por muy poca simpatía que le tenga, no sé si me quedo tranquilo en un mundo donde cualquiera puede grabarte una conversación privada y hacer que te echen de tu trabajo y te pongan una multa millonaria.

Entendería que nadie quisiera sentarse con él en un palco, que ningún jugador aceptara ni acercarse a él y que todos los patrocinadores de los Clippers lo abandonaran para forzar su salida. Me gustaría que los restaurantes le cancelaran la reservas y que jamás le volvieran a invitar a una fiesta en Hollywood. Me encantaría que pasara tanta vergüenza que se fuera a vivir al desierto de Nevada un par de años pero no me alegra nada esta constatación de que no tenemos ya intimidad ninguna. 

Esto que para mí es preocupante no parece que le moleste a nadie más y es fácil comprender por qué: nadie quiere simpatizar con un imbécil de este calibre, menos todavía en un país con una historia de discriminación de la cual aún se están escribiendo los últimos capítulos. Todos celebran la decisión del nuevo jefe de la NBA Adam Silver, que tiene plenos poderes para parar fichajes, dejar a un equipo que se cambie de ciudad o sancionar lo que quiera sancionar y perdonar lo que desee perdonar. Tal vez es el único modo de que la mejor liga del mundo funcione como un reloj suizo, que lo hace, pero el episodio que tiene por víctima a este snob racista deleznable deja también un cierto aire a 'Gran Hermano'. Enterrado Sterling en vida, tal vez es hora de que alguien se pregunte cómo y por qué sale esa conversación a la luz y hasta qué punto puedes estar tranquilo al teléfono.

lunes, 28 de abril de 2014

Del FBI al Congreso, del Congreso a la cárcel

Michael Grimm, congresista republicano por Nueva York, saltó a la fama desde un balcón. Desde un balcón del Congreso, en concreto. Un periodista de la cadena local NY1 lo entrevistaba sobre el discurso que Obama acababa de pronunciar y antes de concluir le preguntó por una investigación que estaban realizando sobre la financiación de su campaña de 2010. La reacción de Grimm no tiene precio: se niega a responder, sale de plano y unos segundos después regresa para zarandear al reportero y regalarle los oídos con lo siguiente: "Permíteme ser claro, si vuelves a hacerme eso alguna vez te tiro de este puto balcón (...) No eres lo suficientemente hombre. Te partiré por la mitad como un niño". Puro cowboy, muy propio de la imagen cultivada de machote que ha sido su marca electoral.

Pero amenazar de muerte a un periodista, parece ser, no tiene mucha importancia. El congresista se disculpó, el reportero olvidó y sus votantes... bueno, sus votantes aplaudieron. Las encuestas en su distrito decían que el demencial episodio del balcón lo había hecho más popular. Grimm representa en el Congreso a una pequeña parte de Brooklyn y fundamentalmente a Staten Island, una isla que tiene tres veces el tamaño de Manahattan y un tercio de su población y que es uno de los cinco 'boroughs' de la ciudad de Nueva York. Eso además de algo así como un 'espacio protegido' para los conservadores; en una ciudad donde hay seis demócratas por cada republicano, Staten Island es lo más parecido a su bastión. Algo tiene también que ver que en Nueva York los blancos no hispanos representan un 33% de la población y el Staten Island un 65%.

Grimm lo tenía todo para ser una estrella republicana: un repeinado exagente del FBI que se había infiltrado en la mafia y había luchado contra el crimen de guante blanco. Sobre el papel todo bonito, si excluyes algún episodio previo de exceso de testosterona como esa vez que sacó el arma en un club nocturno. Aún así nada que preocupara a los votantes de Staten Island que lo han votado ya dos veces.

No les preocupaba, supongo, hasta ahora. Hoy el congresista Grimm, el exagente Grimm, ha sido detenido por sus excompañeros después de una investigación de más de dos años. Parece que en el negocio que montó entre el FBI y el Congreso se saltó todas las normas posibles: ha sido formalmente acusado de veinte delitos federales incluyendo diversas instancias de fraude y delito fiscal. Los mismos republicanos que se rieron de su episodio con el periodista y daban por segura su reelección, buscan a toda prisa un reemplazo. Es la historia perfecta del cazador cazado y la rueda de prensa de los investigadores ya ha dejado una frase que a la fuerza tiene que acabar en una película: "como exagente del FBI, el congresista Grimm debería comprender nuestro lema de 'fidelidad, valor e integridad' (...) pero él vivía con otro lema: fraude, perjurio y obstrucción a la justicia".

viernes, 18 de abril de 2014

Washington ens roba: los mil amigos de Cliven Bundy

El adolescente desequilibrado que entra a tiros en su instituto me da mucho miedo. Como a cualquier europeo, me resulta complicado entender un lugar en el mundo donde si quieres un arma, la tienes. Pero sin embargo hay alguien que me da más miedo. Su nombre es Cliven Bundy y vive en su rancho de Bunkerville, Nevada. No lo imaginéis en el fin del mundo, porque está a una hora y pico en autovía de Las Vegas.

Pues el caso es que el ganado del señor Bundy pace en tierras propiedad del gobierno federal y por tanto debiera pagar la tasa correspondiente, pero Cliven anda peleado con la administración. A principios de los 90 le obligaron a reducir el número de reses que alimentaba allí para proteger el hábitat de no sé qué tortuga de tierra. Una gilipollez, probablemente, pero ese fue el día que Cliven se declaró en rebeldía y decidió que no reconocía ya más la propiedad de esas tierras y que iba a poner a comer a su ganado donde mejor le conviniera. Puro far west.

La cosa no tendría mayor importancia de no ser porque veinte años después, a la administración se le han hinchado las narices y ha decidido arramplar con las vacas. Y de esto que se presentan allí doce agentes del Bureau of Land Management decididos a incautar reses por valor del más de un millón de dólares que ya debe, pero entonces se encuentran con que Cliven ha llamado a mil amigos. Mil amigos que comparten su credo de 'Washington ens roba'. Mil amigos que llevan pistolas, subfusiles, ametralladoras y chalecos antibalas.

Y no se dispara un solo tiro, ojo. Los funcionarios son gente con buen criterio que procede a salir de allí con la mayor dignidad posible, que es bien poca, mientras ídolos mediáticos de la derecha y unos cuantos políticos de tercera jalean a los... no sé muy bien cómo llamarlos, ¿milicianos? Y tú dirás, a lo mejor, que en qué se diferencia esto de cualquier otro acto de resistencia civil contra una decisión administrativa que consideras injusta. Bueno, pues ya he dicho en lo que se diferencia: en las pistolas, subfusiles, ametralladoras y chalecos antibalas.

De momento ahí sigue Cliven Bundy, con sus rebaños pastando donde le sale de los huevos, pero mayormente por encima de la ley. A mí me da un miedo terrible.

lunes, 24 de marzo de 2014

Madrid-Barça en el oasis

No se puede ver el fútbol en un lugar más español que éste: a 6.000 kilómetros de casa, un auténtico bar de viejos. El Círculo Español de Astoria parece desde fuera una vieja y respetable logia masónica, con un cartel grabado en piedra que indica 'The Royal Order of the Moose', pero el camuflaje es sólo exterior. Nada más cruzar la puerta no vemos la madera pulida de un 'speakeasy', sino una acogedora barra propia de un restaurante de gasolinera de la A-1. El retrato del Rey no es de Elvis, sino propiamente del Rey, y en vez de esos cubículos con sillones acolchados están las mesas mal calzadas y los manteles de papel que ha de tener todo bar español. Sí, eso de ahí son patatas bravas.

Sin embargo, como en casi todo, el aspecto es secundario. Donde más se siente la españolidad de este oasis español, que no hispano, es en la concurrencia. No la de hoy, donde por ser día grande está lleno de estudiantes y recién llegados, sino la que te recibe un día cualquiera entre semana; la de los abuelos jugando al dominó que, como si este fuera el bar de cabecera de cualquier pueblo manchego, callan cuando ven entrar al desconocido y lo miran no con hostilidad, pero sí con extrañeza. 

Estos fieles a los que normalmente les sobran tres cuartas del local se arremolinaban hoy en la barra, dejando el inmenso comedor a la marabunta traída por el fútbol. Tres horas antes de que Undiano (ay, Undiano...) diera el pitido inicial ya no quedaba una mesa; todos dándonos ánimo con paellas a las que en casa no mirarías dos veces y que aquí te saben a El Bulli, explicándole al ocasional amigo americano qué es una 'porra' y la correcta traducción de 'hacerle un siete' a alguien. Todo a voces.

Mientras empieza y no empieza ya corren las copas a la española, esas que no tienen hielo de granizado sino cubitos gordos, con doble de generosidad. Un grupo de japoneses disfrazados, que no vestidos, del Barça trata de poner buena cara mientras las tres mesas contiguas los señalan y hacen chistes 'de chinos'. Un señor al que se le ha olvidado el español chilla 'Hala Madrid' a pleno pulmón cada treinta segundos durante los quince minutos previos. Esto promete.

El resto es historia. Todos pudieron celebrar algo en algún momento, que no está mal. Algún exaltado como yo discutió un penalti y hubo precio sin IVA y con IVA, como en casa mismamente. Atendían las mesas los hijos más jóvenes de los emigrante españoles, casi todos con un castellano más que razonable y un inglés, a mis oídos, perfecto. Una de ellas tiene acento gallego y nos dice "Si lo pierdo, no sabes cómo se ponen mis padres". Llegó con diez meses y hace el viaje de vuelta tres o cuatro veces al año. Era del Barça, cosas de juventud. Los del club de dominó, mis favoritos, eran mayoritariamente de los buenos.

sábado, 22 de marzo de 2014

Only in America: la tarjeta regalo del Burger King

Nada dice te quiero como quince dólares para que te los gastes en lo que quieras. En un whopper, alitas de pollo, aros de cebolla... Un sinfín de posibilidades


viernes, 7 de febrero de 2014

Mejor llámate John Johnson

En este país hay casi 40 millones de hispanos, con su molesta costumbre de llevar los apellidos tanto de su padre como de su madre. Y además a casi todo el mundo le da por ponerse dos nombres. Y sin embargo, desde el punto de vista de las autoridades, más te vale tener un nombre sencillito como John Johnson, porque de lo contrario...

De lo contrario te pasará lo que me sucedió ayer en el templo supremo de la burocracia estadounidense, el Department of Motor Vehicles, en este caso de Nueva York. Ahí iba yo a por mi licencia con todos los papeles en regla y digamos que me llamo Pedro Pablo Hernández de Soto Fernández. Bien largo, sí, pero un nombre similar al que pueden tener otros muchos. El caso es que ahí estaba yo con el pasaporte que me acredita como "Pedro Pablo Hernández de Soto Fernández" y con mi tarjeta de la Social Security en la que, como no cabe entero, pone "Pedro Pablo Hernández de Soto". Error, grave error, porque en ambas no pone lo mismo.

Después de que semejante problemón le causara un cortocircuito a la primera funcionaria que me atendió, fui a dar con un supervisor que me vino a decir: "Muchacho, cambia de nombre". Resulta que es demasiado largo, así que si quiero que los trámites funcionen tengo que acortarlo de alguna manera que quepa en mi tarjeta de la Social Security y asegurarme de poner todas las facturas en la misma fórmula de 'mininombre' para que gente como él no se haga follones.

De modo que un país que es capaz de espiar los mensajes de facebook de medio mundo y saber en qué pantalla del Candy Crush estás atascado desde hace un mes, no puede entender que tu nombre no cabe en la cartulina estándar de una tarjeta de la Social Security. No está nada mal contando con que el primer occidental que puso un pie aquí se llamaba Juan Ponce de León y Figueroa... Mira a ver si ese te cabe.

martes, 28 de enero de 2014

Stephen Glass: el alto precio de inventarse las noticias

En una época remota en la que se hacia periodismo fuera de twitter, allá por 1998, Stephen Glass tenía veinticinco años y una nómina por encima de 100.000 dólares. Era el periodista de moda, escribiendo en las páginas de The New Republic las historias que todo el mundo quiere contar, esas que parecen increibles. El problema es que las suyas no eran increibles, eran falsas. Falsas de solemnidad, falsas de poca vergüenza, falsas al nivel de que un periodista de Forbes le descubrió porque escribió un artículo de sobre la relación entre un hacker y una empresa tecnológica inventándose a ambos. En el culmen de la zafiedad, elaboró una página web falsa para la empresa.

Por hacer la historia corta, The New Republic hizo lo que se hace por aquí se hace en estos casos: investigar una a una cada palabra que Glass había publicado en la revista. De 41 artículos, 27 contenían material que sólo había existido en la mente de la joven estrella del periodismo. Y Glass pasó de cien a cero, nunca mejor dicho, dándose cuenta de que nadie jamás le volvería a dar trabajo en una redacción. Exactamente como deben ser las cosas. Puede que la historia os resulte familiar porque tuvo hasta una versión cinematográfica que además fue bastante exitosa, mucho más que la crónica autobiográfica del propio Glass que con descaro tituló "El fabulador". 

Pero si hoy hablo de él es por todo lo que ha venido después y por la valiosa lección que nos enseña sobre este país. Quince años después de que el periodismo lo licenciara con deshonor, el crimen le persigue. Se ha graduado cum laude en Derecho por Georgetown y pese a eso no le dejan ejercer: ha aprobado el examen de los colegios de abogados de Nueva York y de California pero ambos se han negado a darle la licencia. Si era deshonesto con sus lectores, argumentan, cómo no pensar que puede serlo con sus clientes.

Todo esto en un país que es el reino de las segundas oportunidades; el mismo que eligió a George W. Bush sabiendo que había sido alcohólico, a Obama sabiendo que había esnifado cocaína y que todavía venera al presidente que ponía a las becarias de rodillas en el Despacho Oval. Pero incluso en este parque temático de la redención y el perdón, mentir desde la letra impresa de una revista es todavía un pecado demasiado grave como para levantarle a Glass la excomunión quince años después.

Da que pensar. En España sí he conocido periodistas que mentían; no hablo de quien adorna o retuerce la verdad, sino al menos un ejemplar execrable que se inventaba las noticias de principio a fin. Y de momento no ha perdido el trabajo, pero lleva una buena cruz porque en este mundo todos sabemos todo. Pero no lleva la cruz de Stephen Glass, que mañana tendrá que volver a su trabajo de asistente en un despacho de abogados de Los Ángeles porque cuando tenía veinte años se creía más listo que nadie. Probablemente se la merece. El español, digo.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Mi carta a los Reyes

Queridos Reyes Magos,

Este año he sido... ni bueno ni malo. En fin, todo lo bueno que se puede ser siendo como soy un privilegiado en un mundo donde muchos no lo son y todo lo malo que se puede ser sin meterle el dedo en el ojo a nadie, al menos adrede, pero sin salirme mucho del camino para ayudar a los demás. Ni blanco ni negro.

Merezco poco más de lo que ya tengo, con buenas reservas de salud, amor y el dinero necesario para ir tirando. Para tirar mucho más lejos que la mayoría. Pero aún así, Majestades, pido:

Tráiganme por favor una casera que me ponga la calefacción cuando haga frío sin necesidad de pelear. También por favor, váyanme quitando a todos los políticos que nos toman por tontos, que son casi todos, ya que sus abusos me enfadan lo mismo que siempre pero sus eufemismos me tienen enfurecen cada día más. Y no le deseo mal a nadie, eso nunca, pero si le podéis traer un susto en forma de retraso menstrual de la amante a todos esos que defienden la reforma de la ley del aborto, pues ni tan mal.

Por favor tráenos periodismo del bueno, del que nos abre los ojos, para lo que necesitaremos empresarios valientes o anunciantes abundantes o lectores comprometidos: lo que os venga mejor. Y de paso llevaos a todos esos que siempre culpan a los curritos, como a los de Canal Nou o de Intereconomía, porque ya conocemos a esos repartidores de lecciones éticas: probablemente todos los lunes entran en el despacho de sus jefes a decirles todo lo que están haciendo mal y suelen negarse a trabajar y arriesgarse al despido en nombre de su ética. Aparentemente no tienen hipotecas.

Traedle un buen pescozón a esos que dicen que la política no va con ellos, que se ve que aún los hay. Libradnos por favor de todos los que creen que quien lo pasa mal es porque se lo merece y traednos paciencia para no liarnos a palos con ellos. Dadnos revolución de la buena. Apartadnos de los indiferentes pero también de los profundos, aquellos para los que cada minuto del día tiene que ser un puto drama en la vida de todo el mundo: podéis empezar por esos a los que se les abren las carnes por un puto anuncio de embutido o los que creen que eres un esclavo del sistema porque te gusta el fútbol. Dadnos un respiro por favor.


Me estoy pasando de pedigüeño, así que ya voy acabando. A ver si sus Majestades pueden traerle un viaje terapéutico a Estados Unidos a tanto antiamericano poco informado. Y a ver si podéis traer cordura a mucho americanófilo que parece que sólo quiere copiar las cosas malas. Por lo demás, este ha sido un año excelente así que me declaro satisfecho.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Explotación a la americana: por qué Walmart pide limosna para sus propios empleados

Bienvenidos a Walmart, un monstruo de los supermercados con presencia en 27 países, pero en ninguno tanto como en el suyo: Estados Unidos. Aquí Walmart tiene 4.000 tiendas y cerca de millón y medio de empleados. De hecho, es el mayor empleador de Estados Unidos después del gobierno federal. Esta semana la compañía ha saltado a las portadas porque uno de sus centros de Ohio ha organizado una recogida solidaria de comida... para sus propios empleados. ¿He dicho empleados? No, no. Asociados. Así es como Walmart los llama.

Pues el caso es que esos "asociados" necesitan toda la caridad que puedan porque cobran poco, muy poco: la mayor parte alrededor de 7 euros la hora. Pero eso no es lo peor. La empresa se las apaña además para que aproximadamente un tercio de ellos, muchos obligados, trabajen menos de 28 horas. Así un gran número de empleados queda directamente por debajo del umbral de la pobreza y "completan" su salario con ayudas sociales de alimentación, sanidad y vivienda. El crimen laboral perfecto que, según un estudio, le cuesta al contribuyente más de 500.000€ al año por centro. Una subvención indirecta a la cuenta de beneficios de Walmart.

¿Y qué dicen de esto los sindicatos? Bueno, pues es que en Walmart no hay sindicatos. La empresa, agarrense, dice que fomenta un ambiente de libertad de expresión entre sus "asociados" y que por tanto no necesitan representantes. Por supuesto, no pueden negarse pero han buscado la manera de ponerlo difícil. Hacen campañas de desinformación para asustar a los trabajadores y cuando eso no funciona, pasan a la directa: cuando sus charcuteros decidieron unirse a un sindicato, cerraron las secciones de charcutería. Cuando los empleados de uno de sus centros en Canadá hicieron los mismo, cerraron el centro. Sobran ejemplos.

Walmart ha tenido que pagar indemnizaciones millonarias por todo tipo de infracciones laborales, incluidas algunas relativas al trabajo infantil, despidos a enfermos de cáncer o contratación de inmigrantes irregulares. No sorprende que el 70% de sus empleados no duren ni un año en la empresa, pero cabe preguntarse cuántas opciones más tiene una persona sin estudios en EEUU, sobre todo durante los pasados años de crisis. También es interesante plantearse qué grado de importancia tiene la explotación laboral en el éxito de Walmart: la empresa tuvo que abandonar Alemania porque los sindicatos se lo ponían difícil y la ley le impedía usar una de sus tácticas favoritas, vender productos por debajo del precio de coste para hundir al pequeño comercio.

A pesar de todo, algo se mueve. Aunque sigue sin haber sindicatos, la Asociación Our Walmart convocó la primera huelga en la historia de la cadena el año pasado, precisamente en el gran día estadounidense de las compras que llega la semana que viene, el Black Friday. Los resultados fueron modestos, pero es un avance.

martes, 12 de noviembre de 2013

Only in América: el blanco que se hizo pasar por negro para ganar laselecciones

Dave Wilson es un tipo práctico. Quería que lo eligieran como patrono del sistema universitario de Houston, porque en Texas se elige casi todo en las urnas, pero Dave se daba perfecta cuenta de que tenía poco que hacer: ¿Un activista blanco conservador en un distrito casi enteramente negro? Imposible. Pero él no se rindió, nada más lejos. Decidió hacer creer a los votantes que era negro. Él mismo reconoce que diseñó su propaganda electoral con imágenes de felices afroamericanos que bajó de internet. 

El truco era más elaborado aún. En su publicidad incluyó la frase: "Apoyado por su primo Ron Wilson". ¿Se trataba de Ron Wilson el diputado estatal que, dicho sea de paso, es negro? No, no. Ron Wilson es, efectivamente, un primo del candidato que vive en Iowa. Sería un buen chiste si el tipo no hubiera ganado por 26 votos, ahora parece más bien el crimen político perfecto. Su rival, afroamericano por cierto, está bastante enfadado por el truco con el que le han echado del puesto en el que llevaba 26 años. Wilson, sin embargo, está sorprendido y feliz por su éxito, y no ha tenido problema en reconocer su particular estrategia de campaña.

martes, 5 de noviembre de 2013

El negocio educativo a la americana: guarderías que cuestan diez veces lo que un master en la Universidad de Barcelona

Esta semana la universidad de Penn State ha firmado un acuerdo de 60 millones de dólares para evitar un juicio por los abusos sexuales de uno de sus entrenadores. Más allá del fondo del asunto, era difícil no pensar: ¿cuánto dinero tiene esa universidad para poder permitirse un desembolso así? Y la respuesta es que mucho. En concreto un presupuesto anual de 4.400 millones en los que ese agujerito representa poco más del 1%.

Así que ajustando a euros, Penn State tiene un presupuesto que es 50 veces el de la Universidad Complutense de Madrid. Y tú dirás, ¿Y alumnos? Pues sí, Penn State tiene más. ¿50 veces más alumnos? No, en absoluto. Un 18% más. Las dos son públicas, por cierto, aunque la matrícula es muy diferente: lo más barato que vas a pagar en Penn, suponiendo que seas de Pennsylvania, son unos 15.000 euros si vives con tus padres. Alguien de fuera del estado pagará más o menos el doble aunque aquí las becas y los créditos son más cuantiosos y mucho más habituales.. La matrícula de primero de periodismo en la Complutense son 1650 euros, diez veces menos que la opción más barata.

¿Es que Penn State es muy cara y por tanto muy rica? En absoluto. En la Universidad de Columbia, aquí en la Nueva York, el precio se multiplica por tres. Normal por tanto que el patrimonio de la universidad de universidades, Harvard, se estime en 22.000 millones de euros, diez veces más que el presupuesto del Ministerio de Educación. También es verdad que Harvard le ha dado al mundo 48 premios Nobel y España solo ocho, contando al nacionalizado Vargas Llosa.

Pero el negocio de la educación elitista empieza mucho antes de la universidad. En el Upper West Side una niñera con buenas referencias cobra unos 1650 euros al mes por una jornada de ocho a tres. No es extraño, cuando el barrio alberga también la guardería más cara del país. Es extremedamente difícil lograr plaza en la Ethical Culture Fieldston School, pero si lo logras te va a costar unos 21.000 euros al año, unas diez veces más que el master de Biotecnología Molecular en la Universidad de Barcelona. 

Si te gusta tu carísima guardería, puedes dejar que sigan en el mismo centro hasta la universidad, pero si quieres que hagan el bachillerato en la mejor escuela preparatoria del país, toca cambiar. Tampoco mucho en realidad, porque seguimos en el Upper West Side. Allí está la Trinity School, fundada en 1709. Allí estudiaron Humphrey Bogart, Truman Capote, Oliver Stone y John McEnroe pero no es eso lo que la hace tan popular. Tiene línea directa con las mejores universidades y eso se paga: a razón de 28.000 euros al año. Tres veces el precio de estudiar periodismo en la que se considera la mejor Universidad de España, Navarra.

Libre mercado para quien pueda pagarlo. Aunque hay opciones. Una guardería excelente en el Bronx puede costarte unos 3700 euros al año y la educación pública hasta los 18 es gratuita. Las escuelas públicas varían mucho pero las del Upper West Side son, como el barrio, excelentes. Tal vez por eso llama todavía más la atención el dineral que algunos padres están dispuestos a gastar. El estatus, dicen, tiene mucho que ver: se ha visto a ejecutivos de Wall Street presumiendo de guarderías. Cosas veredes

lunes, 21 de octubre de 2013

Por qué yo digo que esta gente no entiende de fútbol


Los New York Cosmos, el equipo histórico de 'soccer' de la ciudad, andan en horas bajas. Los nuevos ricos, sus vecinos los NY Red Bulls tienen mucha más pasta, mejor estadio y sobre todo... a Thierry Henry. 

Los Cosmos tienen que competir contra todo esto para atraer a aficionados en una ciudad donde no son precisamente legión. Así que han decidido hacer esta campaña en la que han puesto una gran foto de su estrella actual, el ex del Villarreal y de la Selección Española Marcos Senna. Justo tras él, un ex jugador de la época dorada del Cosmos que tal vez os suene: Edson Arantes do Nascimento, 'Pelé'. Lo mejor de todo, sin embargo, es el eslogan: "La historia se repite" Debe ser por aquello de que los dos nacieron en Brasil... porque el anuncio es la mejor muestra de que aquí, de fútbol, lo justito.