domingo, 31 de enero de 2016

Lo difícil que es ser Pedro Sánchez

No soy yo muy amigo de Pedro Sánchez. Ya conté por aquí que lo conocí cuando era un concejal de tercera, que me pareció un robot y que hasta el momento no me ha dado ninguna razón para cambiar de opinión. Sin embargo, una cosa hay que reconocerle: es muy difícil, dificilísimo, ser Pedro Sánchez.

Primero heredas un PSOE que da pena, que se lleva más palos que los que iban a Suresnes. Diez minutos antes de que llegaras a a secretario general estaba Rubalcaba gritando "¡El PSOE ha vuelto!" y los votantes dicen que sí, que vuelvan, que vuelvan mañana a ver si se han olvidado de la congelación de las pensiones y del indulto al banquero. Pero bueno ahí estás tú, ganador de las primarias, pensando "mira qué maja esta Susana que me busca los avales" y "mira qué bien estos barones que vienen a hacerse fotos". Eso sin saber que los barones son la undécima plaga y que Susana no te quiere para liderar nada, sino para calentarle la silla mientras se decide o no a coger el AVE a Madrid.

Pero tú estás ilusionado y dispuesto a liderar. Los miércoles te pones la corbata esa de comercial de Fotocasa para ir a la sesión del control al gobierno y atacas bien fuerte, pero Rajoy dice: "¡Zapatero!" y media España dice que sí, que es verdad, que Zapatero. Y tú lo intentas y llamas a Sálvame y vas a beber cerveza con Bertín Osborne y a escalar molinos con Calleja y a tirar triples con Pablo Motos, pero resulta que otro que también se llama Pablo dice "¡Zapatero! y la gente sale corriendo vestida de morado porque eres un indultabanqueros congelapensiones.

Llegan las municipales y dice César Luena que mira, que ni tan mal. Que es verdad que has perdido más votos que España en Eurovisión pero que los barones van a gobernar aquí y allá. ¡Los barones! Los mismos que ahora viven para fastidiarte en los periódicos,en el telediario y en el comité federal. Si hasta Ximo Puig, que no gana unas elecciones ni presentándose contra la mafia, te deja mal un día sí y otro también. Por no hablar de Susana, que sigue sin tener claro si ella viene pero sabe perfectamente que tú vas.

Llegas a las generales y dos semanas antes ya están "los tuyos" hablando de ponerte en la calle la misma noche de las elecciones. Y llamas a Mariano indecente en un debate en prime time pero ni eso te vale para recuperar a los punkis que están con Pablo Iglesias. Te pegas un galletón de órdago pero dice César Luena que mira, que ni tan mal, que con el carajal que es el nuevo Congreso los de Podemos van a tardar año y medio en saber dónde sentarse y lo mismo por error acaban votándote sí a la investidura. Pero los de Pablo encuentran el gallinero rápidamente y dicen que no, que lo que quieren es la vicepresidencia plenipotenciaria y un ministerio de la felicidad plurinacional y de postre elecciones anticipadas y embargar Ferraz. Así de rápido aprenden. Pero es que encima ni te lo dicen a ti, se lo cuentan primero al Rey para que te mande un whatsapp.

Así que si ser Pedro Sánchez siempre fue duro, ahora es un infierno. Rajoy te llama Ruiz pero quiere gobernar contigo, Pablo te chantajea pero también quiere gobernar contigo, los barones que gobiernan con Podemos no te dejan gobernar con Podemos, El País ya no te infla las encuestas y va a por ti... No seamos tan duros con Pedro, por favor. Ya lleva encima una buena.







viernes, 29 de enero de 2016

Tres días para los caucus de Iowa: así está la cosa

¡Por fin! El lunes arrancan las primarias con los caucus de Iowa, la primera cita electoral de un calendario de nueve meses. El tiempo que va desde que se emite el primer voto de primarias hasta que el próximo 8 de noviembre, los estadounidenses eligen a su presidente en las urnas. Como si esto fuera un programa deportivo: "si acaban de unirse a nosotros, así es como están la cosas".

Los republicanos
El millonario Donald Trump llega Iowa como líder en las encuestas con una ligera ventaja sobre el senador Ted Cruz. Se consideraba que Iowa era el peor estado para Trump porque los caucus republicanos están dominados por conservadores evangélicos, pero ha logrado importantes apoyos en este sector en las últimas semanas. Está por ver el impacto de su última bravuconada, que ha sido "plantar" a FOX News en su debate de esta noche porque dice que la moderadora le tiene manía, pero su verdadero reto no es ese. El desafío para Trump es ver si su alto apoyo en las encuestas se traduce en votos reales en los caucus. Es decir: es más fácil responder a un encuesta telefónica que salir de casa una noche de enero bajo cero para acudir a una larga asamblea política

Normalmente los candidatos poco tradicionales (como Trump) atraen principalmente a votantes no tradicionales, gente que nunca ha acudido al caucus y que puede que esta vez tampoco lo haga. La campaña necesita una exitosa operación logística para asegurarse de que acuden y de que lo hacen a lo largo y ancho de Iowa. Además un caucus no es una primaria: los partidarios de los candidatos menos populares que van cayendo pueden apoyar a otro en la siguiente ronda. Ahí Trump lo tiene complicado porque no es la segunda opción de mucha gente. Son dificultades que pueden superarse, pero hay que trabajar. Es un reto.

Para Cruz es más a vida o muerte. Trump tiene casi garantizada la victoria en el siguiente estado, New Hampshire, y si se hace también con Iowa puede que ya sea demasiado tarde para detenerlo. Los votantes religiosos son su público natural pero los ataques de Trump y de los líderes republicanos que lo detestan casi más a él han hecho mella. En el lado de los moderados, un tercer puesto sería aceptable para Marco Rubio y todo un éxito para Christie o Jeb Bush. Sólo uno de los tres puede permanecer en esta guerra y necesitan todo el impulso posible para llegar fuertes a New Hampshire.

Los demócratas
Aquí Hillary Clinton lleva una leve ventaja en las encuestas pero Bernie Sanders parece ir hacia arriba. Como con Trump, está por ver si el fuerte apoyo de Bernie entre estudiantes y otros grupos que normalmente votan poco se traduce en fuerza real en los caucus. Después del disgusto de hace ocho años, es poco probable que Hillary haya descuidado la preparación como hizo con Obama pero la lucha está muy reñida.

Para tener una oportunidad de derribar a Clinton, Sanders necesita vencer en Iowa y también en New Hampshire, donde va muy por delante. El entusiasmo que genera es mayoritariamente entre los liberales blancos, lo que es perfecto para estos dos estados donde más del 90% de los votantes son blancos, pero si miramos hacia el futuro... el peso de las minorías domina las siguientes citas. Primero la primaria de Carolina del Sur (afroamericanos) y luego los caucus de Nevada (hispanos). Ahí lo va a tener más difícil, así que necesita dar el gran golpe en las dos primeras citas.

La lucha en Iowa estará muy reñida en los dos partidos, pero si Hillary vence su recompensa será mucho mayor que cualquiera de los republicanos o que su rival Sanders. Se supone que sus posibilidades de perder son mínimas y si empieza tropezando en el primer escollo, tal y como pasó en 2008, será difícil que muchos demócratas no se apunten a repetir la historia del candidato imposible que venció a la gran favorita. Otra vez.


viernes, 22 de enero de 2016

Lo único peor que Donald Trump

Vivir para ver. El establishment republicano empieza a pensar que Donald Trump no es lo peor que les puede pasar. Sobre todo cuando miran al otro lado de la acera y ven a Ted Cruz. Trump está loco, dice bastantes barbaridades y les puede costar la mayoría en el Congreso, pero Cruz... Con Cruz no existe la duda, el "puede". Ted Cruz es la certeza: la certeza de un senador que siempre ha tirado contra su propio partido, que no ha dudado en atacar a sus propios compañeros de bancada y que promete más de lo mismo en el futuro.

Sólo así se explica que el establishment republicano, que ha bufado sin fin y con buenas razones contra Trump, ahora ya se va haciendo a la idea. Prefieren a Marco Rubio, claro, y si no a Chris Christie o Kasich, Pero si se diera el caso desastroso de que Trump ganara, pues... pueden vivir con ello. Habrá trabajo para todos en una posible administración Trump, el millonario necesita toda la ayuda que pueda recibir. Cruz, por el contrario, puede buscar venganza contra todos los enemigos que se ha hecho en sus tres años en Washington.

Los grandes donantes buscan cómo congraciarse con Trump a través de la alta sociedad de Nueva York. Los comentaristas republicanos de la televisión encuentran la manera de apoyarle hasta en sus ocurrencias más absurdas. Iconos del establishment como el excandidato presidencial Bob Dole le alaban públicamente. Todo el mundo se posiciona para lo que hace meses parecía imposible y ahora, ya no tanto. Todos saben leer encuestas y su la alternativa va a ser Cruz, tienen claro de qué lado están.

La flexibilidad es total y la coherencia se quedó por el camino. Un millonario de Nueva York tres veces divorciado como Trump recibe el apoyo del icono conservador por excelencia, la excandidata vicepresidencial Sarah Palin. Da igual que su rival sea Cruz, un conservador de libro al que ella misma apoyó en el pasado, ahora Trump es el hombre de moda. Sus provocaciones, sus insultos, su prepotencia... su decir cosas como "prohibamos la entrada a todos los musulmanes a EEUU", "construyamos un muro en la frontera con México" o "cuando sea presidente siempre ganaremos".

Más interesante puede ser que Donald Trump, el rey de los outsiders, acabe por tener los problemas derivados de recibir el apoyo del establishment. Ted Cruz ya está usando esta idea en sus mítines y dado el odio de las bases a todo lo que suene al liderazgo de su partido, puede ser un argumento ganador.

sábado, 16 de enero de 2016

Primarias republicanas: between a rock and a hard place

"Entre una roca y un lugar duro" es la expresión estadounidense que se usa cuando te ves ante un dilema en el que las dos posibles opciones son malas. Tan malas como un candidato racista, populista e ignorante como Donald Trump y otro radical, demagogo y fundamentalista como Ted Cruz.

A dos semanas de que empiece la acción en los caucus de Iowa, el millonario Donald Trump sigue a la cabeza de las encuestas de las primarias republicanas aunque el senador texano Ted Cruz se consolida como su rival más fuerte. Después de meses tratándose con guantes de seda, el debate de esta semana ha sido la mejor muestra de que ambos ya se ven cara a cara. Intercambio de golpes: Cruz recordándole a la América profunda que Trump representa los "valores neoyorquinos", una forma de tacharle de liberal progay con tres divorcios a las espaldas. Trump mencionando que Cruz nació en Canadá y por tanto podría no ser elegible como presidente, ya que la Constitución exige un "natural born citizen", que no está muy claro lo que significa.

Aunque así lo parezca, las primarias republicanas no acaban en ellos dos. Cada uno a su manera, Trump y Cruz son dos expresiones del mismo sentimiento: el hartazgo de parte de las bases republicanas con el encorsetado establishment del partido. Ambos no dudan en abandonar la "corrección política", es decir, en ofender; y además igual que Trump no le debe nada a nadie, tampoco Cruz ha tenido problemas en cargar contra los líderes de su propio partido en el Congreso. En cierto modo los dos dependen de sacarle partido a ese descontento de parte de la América blanca que vive lejos de la costa y que tiene añoranza de la sencillez de los "viejos buenos tiempos". Así que ante ellos tiene que surgir otra opción, una especie de primaria paralela para ser "el candidato del establishment" o el "candidato republicano tradicional".

En esa guerra están el senador de origen cubano de Florida Marco Rubio y el gobernador de New Jersey Chris Christie. El tipo de candidatos que caen bien en la América empresarial, capaces de recaudar una millonada en Wall Street, donde las fanfarronadas, ocurrencias y radicalismos de Cruz y Trump asustan. Uno de los dos debería ser la alternativa, aunque ahora no lo parezca. Los dos tienen importantes debilidades en la América profunda y conservadora que tan importante es en estas primarias: Rubio tiene que explicar a un público si no racista al menos anti-inmigrante su pasado apoyo a la fracasada reforma migratoria impulsada por un grupo de senadores de ambos partidos. Chris Christie tiene un pasado claramente liberal (sólo así un republicano puede ganar un estado "blue" como New Jersey) y además ese carácter duro y algo chulesco de las cercanías de New York que no juega nada bien en determinados lugares de EEUU.

Las primarias republicanas tradicionales solían ser a grandes rasgos una batalla entre el ala socialmente conservadora (evangélica) del partido y el establishment, más liberal en lo social pero duro en materia económica. Así fue Mitt Romney contra Rick Santorum en 2012 o McCain contra Huckabee en 2008. Últimamente el ala empresarial se ha salido con la suya pero esta vez tienen un problema: pueden imponer a Rubio o a Christie pero necesita unir sus fuerzas detrás de un sólo candidato. El fiasco de la candidatura de Jeb Bush les ha costado mucho dinero y tanto él como otro centrista como John Kasich aún están en la liza. Si sus recursos siguen divididos entre varios candidatos aumentan las posibilidades de que el voto de la rabia y el hartazgo logre entregar a Trump o a Cruz la nominación republicana a la Casa Blanca.